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Tema: "yo", reflexión y tiempo siendo-se

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    Predeterminado "yo", reflexión y tiempo siendo-se

    Me han hablado de un sueño “lúcido”. Es, si no he entendido mal, un sueño con conciencia de que se está soñando.

    Los sueños son algo inquietante, no sólo como momento del inconsciente que deja fuera la conciencia en la que habitualmente nos reconocemos, sino, como ya señalara Freud, por su lógica admirable. Uno podría preguntarse cómo no iba a ser así; o, visto problemáticamente, cómo sería de no ser así, esto es, si no hubiese un modelo al que el sueño se adaptase.

    Mediante ciertas prácticas como la meditación se pueden inducir estados que anulan la actividad mental. Uno logra no-pensar nada, suspender la obsesión de la mente por encadenarse y quedar atada.

    No se logra vaciar la mente de cosas quitándolas, la cosa no va así. La mente, que, en esencia, es activa, tiene que ser adiestrada hasta calmar su sed de actividad, la causa de su angustia (*). La actividad de la mente, por tanto, es algo que la mente tiene consigo; no se quita como uno se quita la ropa al desvestirse, sino conociendo-se y resolviendo su dialéctica en dichos términos (**).

    No hablo de no-pensar nada como mente en blanco, un no-pensar metafórico con más interés intuitivo que lógico y filosófico. Me refiero, mejor visto, a quitar ruido (***).

    El no-ser, según lo veo, suele tener muy poco recorrido antes de tropezar consigo mismo. El no-ser, generalmente, no pasa de ser un hábito del lenguaje.

    Años después de estudiar a Freud, reconocí su interés lógico y fenomenológico, como he admitido recientemente. Me hice esta sencilla pregunta, “si cuando sueño lo hago en términos espaciales, pongo en marcha el modelo que parece seguir el espacio, ¿cómo es que el recorrido de un pasillo en sueños dura menos que su recorrido cuando estoy despierto? ¿No será que la relación del espacio con el tiempo, una deducción que pone las cosas en contra del espacio (****), lo que es extraño al “yo”, y a favor del “yo" que las vive, quien experimenta la duración y está en primer plano (*****)?”.

    (*) La angustia de la que hablo es la mismísima de la que hablara Sörel Kierkegaard. No es ningún episodio psicológico ni literario que sea determinable y reconocible para una psique o un amante de soluciones rápidas. Se trata de un término complejo que elabora el alma cuando está ante un dilema que no puede resolver; cae en el vacío sin punto de apoyo.

    Un caso ejemplar de la angustia es la muerte. Uno se pierde en su inmensidad, no hay manera de mantenerse a flote ante ella; se siente "vértigo" (******). Uno puede desear la muerte o estar dispuesto a negar la vida que, en todo caso, no hay disposición para la caída que provoca; la permanencia desaparece (*******).

    (**) “Conócete a ti mismo”, además de una vaciedad, puesto que la referencia a “ti” está ya en la sentencia como primer objeto del conocer, tiene una segunda intención más rica y compleja que engloba al “ti” y lo extiende hasta donde el “ti”, por sí solo, no podría ir. El conocimiento no discurre como discurren los pasos al caminar, sustituyendo una cosa por otra, sino dejando algo tras de sí que, de algún modo, queda (********). El conocimiento, en este aspecto, tiene una deuda sensible que ha dejado atrás, ha pasado a otro nivel.

    (***) No es un ruido como el de un altavoz distorsionando, que suena demasiado alto. Es lo primero de lo que se oye; según sea, primeramente, se oye o es oído, y, segundamente, deja de oírse. Estamos tratando de encarar un término según su cualidad, no según la medida, cómo no, de su cuanto, lo que, de tanto repetirse (*********), termina cansándose.

    (****) Lo que hace la deducción es derivar el tiempo del espacio sido. Infiere el tiempo de un término espacial que fue. Y lo actualiza, ¡cómo no!, mediante la figura del ahora (**********).

    (*****) Algunos filósofos llamaron a ésto "intuición categorial". Se podría haber llamado de cualquier manera. No es más que "yo soy yo".

    (******) Entiéndase que el "vértigo" al que se refiriera Kierkegaard no era una simple figura literaria, sino un estado interno primario (***********). Así pues, no era una manera de hablar de la señal afectiva que aparece cuando subo a un sitio que está muy alto con respecto al exceso que queda debajo (************). Se trata de la descripción de un afecto interno que no se aclara acudiendo a la exterioridad, contraponiéndolos. Lo interno limita, de alguna manera, con una exterioridad en la que, ciertamente, se apoya. No obstante, no es menos cierto que lo interno limita, asimismo, y en un sentido crucial (*************), consigo mismo. El límite exterior, por tanto, por muy importante que sea, es insensible, esto es, no limita, con lo interno, que no es sólo el opuesto del externo, sino algo propio y, a su manera, independiente.

    (*******) La disposición al no-ser es indirecta, no llega de repente; no hay un no-ser primero que sea si, de alguna manera, no tiene de qué tomar su impulso primordial. El no-ser, por tanto, no es un ser genuino, primario, sino al contrario, derivado y secundario.

    El no-ser puede ser, propiamente, esto es, como "posibilidad", en tanto reconozca la dependencia esencial que arrastra la posibilidad con respecto a los contrarios de los que surge y sin los que lo posible no sería otra cosa que una especulación ociosa.

    Me refiero a los contrarios de manera señalada sin necesidad de los opuestos, en cierto modo, negándolos y afirmando la prioridad de los primeros sobre los segundos, porque los primeros, estos son, los contrarios, tienen consigo los segundos, estos eran, los opuestos. Si tenemos los contrarios, podemos llegar a la oposición con lo que ya teníamos; sin embargo, extendiendo los opuestos y dándoles vueltas no llegaríamos nunca a la noción de contrariedad.

    Si la posibilidad fuese un aglomerado de oposiciones, cosa que, bien visto, resulta natural a la intuición y su propensión por resolver lo inmediato, la posibilidad sería algo esencialmente indeterminado que no serviría para nada; la posibilidad sería un titubeo infinito. La posibilidad, sin embargo, es un compuesto, en primer grado, de contrarios y, una vez los contrarios hayan sido, de opuestos, su extensión natural.

    (********) Queda en el sentido de que sigue siendo a pesar de que la sensibilidad degenere y no sea.

    (*********) Conviene distinguir una repetición simulada, en esencia, falsa, que no está a la altura de lo que afirma, de lo primero y esencial de la "auténtica repetición", como acertadamente la llamara Kierkegaard.

    (**********) El tiempo es inasible en absoluto (*************), esto es, que, de ser algo, no hay manera de hincarle directamente el diente. Se trata, desespera e inútilmente, de vaciar el océano a cucharadas.

    (***********) La primeridad de la afección de la que hablamos no es primera con respecto a una segunda que la siga y a la que se ha adelantado por un cambio, a su manera, artificial (***************). Es, mejor visto, a pesar de ello; no hay que deducir nada que no esté ya ahí, no hay que meterlo a la fuerza.

    (************) El vértigo no surge del contraste de alturas, el vértigo no sigue una medida espacial; no se produce miedo a la altura de mucho subir, sino que, al subir, se produce, de repente e inesperadamente, vértigo y miedo a la altura.

    (*************) Lo específico de este límite está en que lo externo es, de alguna manera, indiferente a lo interno, no es inmediato, sino que para que se toquen requieren un esfuerzo; la interioridad tiene valores que no se derivan directamente de lo externo, y de los que lo externo, por sí solo, esto es, sin lo interno, no podría alcanzar.

    Que hubiese otra referencia no cambia nada lo que estamos diciendo. Esto es, si se refiriese a otra cosa, la cosa pasaría a lo negativo en su disposición, un negativo existente por el que la cosa quedaría directamente negada.

    (**************) Un compuesto que no depende tanto del artificio del lenguaje como de la naturaleza las cosas. No es que no me haga con el tiempo por una dificultad determinada, porque no sea suficientemente especulativo, sino porque el tiempo en mí no deja de fluir, esto es, está siempre corriendo hasta que, finalmente, termine yéndose, se queda siempre detrás de él.

    (**************) No es un artificio a la medida del problema, como se dice, ad-hoc, sino que su razón está en que no sólo es así, una razón pobre y vana, sino, más decisiva y complejamente, en que no puede sino ser así, esto es, que es así en su recorrido y ejecución; dicho con toda claridad, a pesar de su no-ser.
    Última edición por ALBERTO RODRIGUEZ-SEDANO; 30/04/2018 a las 07:34

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