[Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 154]
Lo cierto es que la huida de Juan de Giscala y sus seguidores hacia Jerusalén, donde fue acogido como un héroe, trajo malas consecuencias para los apoyadores de la rebelión contra Roma, pues este individuo instigó una purga entre muchos notables de la ciudad, a los que acusó de colaboración con los romanos y muchos de ellos fueron ejecutados sin juicio previo. La capital judía quedó dividida entre los grupos zelotes más exaltados y extremistas, que eran dueños de la gran explanada del Templo, y los grupos moderados dirigidos por los sacerdotes. Los zelotes llamaron en su ayuda a 20.000 idumeos (éstos eran descendientes de los pobladores del noroeste de Edom o Idumea que el gobernante macabeo Juan Hircano subyugó y obligó a aceptar el judaísmo a finales del siglo II antes de la EC, y, como prosélitos judíos, fueron incorporados a la parte sur del territorio de Judea), que lograron entrar una noche en Jerusalén tras abrírseles las puertas desde dentro, llevando a cabo una matanza general de sacerdotes, de seguidores de éstos y de supuestos simpatizantes de los romanos. En efecto, Una vez que Juan de Giscala llegó a Jerusalén, se desató un enfrentamiento entre los saduceos y los zelotes y sicarios, porque estos últimos culparon a los primeros de la pérdida de Galilea y por intentar convencer al pueblo de la necesidad de una guerra más arriesgada contra los romanos. El enfrentamiento se extendió por toda la ciudad, y a pesar de que las autoridades judías intentaron por todos los medios que la sangre “no llegara al río”, a través de discursos como los del fariseo Simeón ben Gamaliel (parece que éste fue posteriormente conocido como el Rabban Shimon ben Gamliel I, nacido el año 10 antes de la EC y fallecido el año 70 de la EC, hijo primogénito y sucesor en la presidencia del Sanedrín de Gamaliel el Viejo, quien murió en el año 50 de la EC y fue probablemente el famoso Gamaliel que se menciona en el libro sagrado de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 5, versículo 34) o los de los sumos sacerdotes Anás y Jesús, los zelotes, decididos por la causa hasta el final fueron eliminando a los sospechosos de simpatizar con Roma, lograron hacerse con el poder político, convocaron al pueblo y decidieron elegir, por sorteo, a un nuevo Sumo Sacerdote llamado Fanías, que parece ser que no descendía de ningún miembro del Sanedrín y no tenía ni idea del oficio sacerdotal, con lo que fue elegido de manera oportunista para el cargo, a sabiendas de que no estaba preparado para ello. No obstante, los zelotes, descontentos aún, y estando en inferioridad numérica, pidieron ayuda a los idumeos suplicándoles que se unieran en alianza con ellos, con la excusa de que en los ambientes sacerdotales estaban urdiendo entregar la ciudad a los romanos; pero al llegar los idumeos a las puertas de Jerusalén y siendo descubierta su asociación con los zelotes, no se les permitió entrar. Sin embargo, la noche siguiente, en medio de una gran tormenta, los zelotes consiguieron abrir las puertas y dejarlos pasar; y una vez entrados, se cometieron todo tipo de barbaridades, saqueos y asesinatos, sobretodo dirigidos hacia los más ricos y notables, produciéndose también una gran matanza depurandora en la ciudad en la que cayeron entre otros los sumos sacerdotes Anás y Jesús. Finalmente, los idumeos mismos, asqueados de ver tantas atrocidades perpetradas por los zelotes fanáticos contra ciudadanos honrados, no quisieron saber más de los zelotes y se retiraron. Por su parte, los zelotes, con Juan de Giscala al mando, consiguieron el control absoluto de la ciudad.