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Tema: Pseudoveltíosis natanatórica

  1. #171
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    tu lugar ettic

  2. #172
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    Cita Iniciado por renacido Ver mensaje
    Buen día ettic
    Igualmente, que tengas un buen día. Saludos.

  3. #173
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 148]
    La toma de Gabara debió ocurrir a mediados de la primavera (mayo) del año 67. A continuación, vino el asedio de Jotapata, que fue muy duro. Los judíos luchaban a la desesperada, bien dirigidos por Josefo. Vespasiano desplegó las máquinas de asedio y empezó la construcción de un terraplén que alcanzase la altura de la muralla, según la costumbre militar romana habitual en estos casos. Sin embargo, los judíos hacían frecuentes salidas y retrasaban los trabajos de construcción del terraplén e incendiaban las obras; además, elevaron las murallas todavía más, trabajando en ellas día y noche. Vespasiano estrechó el cerco en torno a la ciudad, para forzar a los sitiados por hambre y sed. Josefo, para desmoralizar a los sitiadores y hacerles ver que tenían provisiones de agua más que suficientes, ordenó a sus hombres que mojasen sus ropas y las colgasen empapadas y chorreantes en las almenas de la muralla. Desalentados, los romanos reanudaron las obras para el asalto. Pero el propio Josefo se daba cuenta de que la caída de la ciudad era cuestión de poco tiempo, e intentó huir, con la excusa de reunir gente en los pueblos de la región y acudir a romper el cerco levantado por los romanos. Sin embargo, Todos los habitantes (hombres, mujeres y niños) se lo impidieron, y tuvo que seguir en su puesto. Los romanos montaron un gigantesco ariete, pero los judíos colgaron sacos llenos de paja para amortiguar los golpes; los romanos dispusieron entonces largas pértigas con guadañas y cortaron las cuerdas de las que colgaban los sacos sobre la muralla; finalmente, los judíos consiguieron romper la cabeza metálica del ariete con una gran piedra que le acertó de lleno; pero los romanos lo repararon. El asedio alcanzaba momentos de gran virulencia, y en uno de ellos el propio Vespasiano fue herido levemente por una flecha en la planta del pie. Las catapultas lanzaban continuamente contra las torres piedras de hasta 50 kilos de peso (una de esas piedras, dice Josefo, alcanzó a uno que estaba junto a él en la muralla, le arrancó la cabeza y envió el cráneo a varios centenares de metros; al día siguiente, una mujer embarazada recibió de lleno el impacto de una de esas piedras en el vientre cuando acababa de salir de su casa, y el feto fue a parar a gran distancia de allí). Por fin, una parte de la muralla cedió, pero los judíos protegieron la brecha con sus cuerpos y los romanos no pudieron entrar. Al día siguiente, Vespasiano ordenó el asalto general. Tras someter a la ciudad a una lluvia de flechas y proyectiles de honda que oscurecieron la luz del día, la infantería romana avanzó y comenzó a tender las escaleras sobre la muralla. Los judíos ensayaron otra cosa (en su obra testimonial histórica, Josefo se atribuye la invención de todos y cada uno de los recursos y estratagemas empleados por los sitiados): arrojar aceite hirviendo sobre los asaltantes. El procedimiento, que no era ninguna novedad, hizo aquí verdaderos estragos entre los soldados romanos que avanzaban en bloque en la clásica formación de testudo o tortuga (cubiertos por todos lados con los escudos, unos sobre otros). El aceite hirviente se metía por debajo de las corazas desde la cabeza hasta los pies y devoraba la carne como si fuera fuego, y los soldados aullaban de dolor y retrocedían saltando sobre sus compañeros, siendo fácilmente alcanzados por las flechas de los sitiados.

  4. #174
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 149]
    Era ya el comienzo del verano del año 67 de nuestra era, y el asedio de Jotapata no progresaba. Sin embargo, un destacamento de 2.000 infantes y 1.000 jinetes enviado por Vespasiano conquistaba una ciudad vecina, Jafa, donde los romanos degollaron a todos los habitantes varones en las calles o en las casas, esclavizando a mujeres y niños pequeños. Otro destacamento, aparentemente al mando de un tal Cerealius, bajó hacia Samaria e hizo una masacre de gentes que se habían reunido en el monte Garizim o Guerizim, la montaña sagrada de los samaritanos; murieron cerca de 10.000 hombres. Se apostaron varias guarniciones romanas, vigilando esta región densamente poblada. Al norte, por fin un desertor judío informó a Vespasiano que los defensores de Jotapata estaban agotados por la continua falta de sueño y por la debilidad, pues el asedio se prolongaba ya por 47 días, en lucha sin descanso por parte de los sitiados, y le dijo que la mejor hora para sorprenderlos era la última de la madrugada, dado que los cansados guardias se quedaban profundamente dormidos. Vespasiano, aunque no se fiaba demasiado, decidió probar. De madrugada, el ejército avanzó hasta la muralla silenciosamente; Tito, el hijo de Vespasiano, junto con uno de sus tribunos y unos pocos soldados escogidos, subieron al muro, mataron a los centinelas, entraron en la ciudad y abrieron las puertas de ésta con sigilo. Tras ellos empezaron a entrar, en grupos, más y más soldados. Al amanecer, en medio de una densa niebla que se había declarado, el ejército romano entró en la ciudad y muchos de sus habitantes se dieron cuenta de ello en el preciso momento en que eran degollados. No se perdonó a nadie, y los romanos empujaban a la gente cuesta abajo por las estrechas callejuelas, donde al apiñarse eran fácilmente masacrados. Algunos de los soldados judíos de la guardia personal de Josefo se suicidaron. Los romanos sólo tuvieron un muerto en este asalto final, a saber, un centurión que, al intentar sacar a un judío que se había refugiado en una cueva, fue herido por éste con una lanza por debajo de la ingle. En los días siguientes, los romanos buscaron a todos los escondidos en las cuevas y cloacas de la ciudad y mataron a todos los que encontraron, excepto a mujeres y niños pequeños (que eran más de un millar de supervivientes). La cifra total de muertos judíos en Jotapata fue, según Josefo, de unas 40.000 personas. La ciudad fue demolida por orden de Vespasiano. Eran los últimos días del julio del año 67. Se buscó por todas partes al general Josefo, pero no aparecía. Se había refugiado con algunos de sus soldados en una cueva de difícil acceso. Los romanos se enteraron por las confidencias de una mujer, e intentaron convencerle para que saliera y se entregara por mediación de un tribuno, antiguo conocido suyo. Pero los demás soldados judíos que estaban con Josefo no se lo permitieron y le amenazaron de muerte con sus espadas si intentaba salir. Los romanos, enfurecidos, querían pegar fuego a la cueva, pero el tribuno los contuvo, pues estaba empeñado en sacarlo vivo. En el interior de la cueva, Josefo intentó al principio convencer a sus compañeros con palabras, hablando acerca de la ilicitud moral del suicidio, pero ante semejante discurso religioso-filosófico ellos estuvieron a punto de matarle allí mismo. Es el propio Josefo el que cuenta lo que sucedió y cómo consiguió librarse de la muerte a manos de los suyos: a uno de ellos le llamó por su nombre, a otro le miró con mirada de jefe, a otro le cogió de la mano derecha y a otro le suplicó, y de este modo consiguió apartar de su cuello todas las espadas. No cabe duda de que este hombre tenía grandes cualidades histriónicas y un gran poder de persuasión con la palabra y los gestos, al tiempo que un buen conocimiento de la psicología humana. De todas formas, viendo que no era posible convencerlos, fingió cambiar de actitud y les propuso una solución intermedia: que se suicidaran todos por sorteo, siguiendo un orden, de manera que el segundo matase al primero, el tercero al segundo, y así sucesivamente; y de esta forma no sería exactamente un suicidio. A todos les pareció bien la idea. No sabemos cómo (Josefo no lo dice), pero el caso es que él mismo se las arregló para salir elegido entre los dos últimos. Uno a uno fueron dándose muerte sucesivamente, y al final quedaron sólo Josefo y otro más, a quien no le costó convencerle de que se entregasen a los romanos, cosa que hicieron a continuación (no obstante, ésta es la versión del propio Josefo acerca de lo sucedido en la cueva, y no puede descartarse que incluso sea una semblanza acomodaticia y tergiversada de los hechos). Lo más grotesco del caso es que, cuando se enteraron en Jerusalén de la caída de Jotapata, tributaron a Josefo unos funerales de honor, con un duelo de 30 días. Más tarde, sin embargo, al ser informados de que estaba con los romanos y colaboraba con ellos, fue considerado un verdadero enemigo público de los judíos.
    Última edición por eettiicc@yahoo.es; 08/09/2017 a las 15:42

  5. #175
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    sos una pelicula ettic ,,,deberia haber una produccion hollywoodense sobre la vida del gran historiador Flavio Josefo,,,,nacido en la convulsion humana que ocasiono la crucifixion del Cristo

  6. #176
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    Cita Iniciado por renacido Ver mensaje
    sos una pelicula ettic ,,,deberia haber una produccion hollywoodense sobre la vida del gran historiador Flavio Josefo,,,,nacido en la convulsion humana que ocasiono la crucifixion del Cristo
    Estimado interlocutor, buenos días. Excelente contribución la tuya, excelente. Saludos.

  7. #177
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 150]
    El jefe judío, Josefo, que tenía por entonces unos 32 años de edad, fue conducido ante Vespasiano. Y cuando ya el general romano había dispuesto enviárselo prisionero a Nerón, al astuto Josefo (encadenado como estaba) se le ocurrió una inspiración que le resultó muy providencial: pidió hablar a solas con él de algo muy reservado, y Vespasiano hizo salir a todos excepto a su hijo Tito y a dos amigos de toda confianza. Entonces Josefo, dándoselas de profeta, le dijo: “Me mandas a Nerón. ¿Para qué? Después de Nerón no quedará ningún sucesor excepto tú. Tú, Vespasiano, serás el César y emperador, y también lo será tu hijo aquí presente”. Aunque todo tenía el aspecto de una invención del sinuoso judío para evitar el castigo que le esperaba en Roma, el caso es que Vespasiano (que sin duda había pensado más de una vez en esa posibilidad, que colmaba las aspiraciones de cualquier general romano lo suficientemente ambicioso) decidió retener al judío junto a sí, en espera de que se cumpliese su profecía. De momento no le liberó de las cadenas, pero él y Tito le regalaron ropas nuevas y le trataron con ciertas atenciones (con el tiempo la predicción se cumpliría, y Joseph ben Matthías, con su nuevo nombre romanizado de Flavio Josefo, se convertiría en un protegido de los nuevos emperadores flavios durante largos años en Roma: Vespasiano, Tito y Domiciano).

  8. #178
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 151]
    A finales de julio del año 67, tras la toma de Jotapata y la sumisión de la Galilea occidental, Vespasiano levantó el campamento y se dirigió a Ptolemaida, y de allí a la ciudad costera de Cesarea. Dejó en Cesarea las legiones V y X para que invernaran allí y envió la legión XV a Escitópolis con el mismo objeto. No obstante, en las ruinas de la ciudad costera de Jope (que fue destruída por Cestio Galo durante el inicio de su campaña, el año anterior, es decir, durante su aproximación a Jerusalén) se aglutinaron numerosos fugitivos judíos huídos de la Galilea reconquistada por Vespasiano y la reconstruyeron burda y rápidamente, fletando y reuniendo embarcaciones que dedicaron a la piratería en las costas; y asaltaban el tráfico marítimo entre Siria-Fenicia y Egipto. Por lo tanto, se hizo objetivo de importancia militar este peligro, que minaba las rutas costeras de Palestina y Fenicia y obstaculizaba las comunicaciones con Egipto. Vespasiano, entonces, envió una fuerza romana al mando del general Trajano, legado de la legión X (Fretensis), que ocupó la ciudad rápidamente, antes de la caída de la noche; y los bandidos huyeron en sus barcos. Al alba, se libró una batalla naval ante las costas de la ciudad que terminó con la derrota y destrucción de las naves judías, en buena parte debido a una tempestad que hizo encallar las naves judías contra las rocas, destrozándolas. Aquéllos de los náufragos que vinieron de vuelta hacia la playa, para no ahogarse, fueron muertos por los romanos. En total, parece que murieron 4.200 piratas, tragados por el mar o a manos de los soldados. Finalmente, y por orden de Vespasiano, quedó una guarnición romana allí, en Jope, en prevención de alguna presumible acción de piratería futura. Ahora bien, la fuerza romana apostada en la ciudad pasó a convertirse en un azote devastador y expoliador para las poblaciones judías de los alrededores.

  9. #179
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 152]
    Tras la toma de Jotapata y la sumisión de la Galilea occidental, los romanos se aprestaron a organizar las siguientes operaciones en torno a la Galilea oriental y otras regiones más alejadas del país. La siguiente operación, realizada a comienzos de agosto del 67, fue marchar hacia Cesarea de Filipo, en donde Agripa II proporcionaría ayuda y colaboración a los romanos. Desde allí, Vespasiano mandó a su hijo Tito a tomar la ciudad de Tiberiades y más tarde Senabris o Tariquea, tomándola, a esta última, por asalto y sometiendo a los sobrevivientes a la esclavitud. A finales de agosto, tras varios enfrentamientos sangrientos en el mar de Galilea a bordo de balsas y barcazas (que resultaron en grandes estragos para los judíos), el dominio de este lago quedó en poder de los romanos. Para el mes de septiembre sólo quedaban Gamala (en el reino de Agripa) y Giscala (al norte de Galilea). Gamala había sido fortificada por Josefo y por ese motivo supuso un escollo infranqueable para Agripa, quien no contaba con una fuerza militar suficientemente poderosa para tomar la ciudad. Entonces, aparentemente hacia finales de septiembre o primeros de octubre del 67, Vespasiano sitió Gamala con las 3 legiones V, X y XV, y comenzó a levantar terraplenes para el asedio. Agripa intentó parlamentar con los sitiados, pero éstos le lanzaron piedras y una de ellas le golpeó en el codo. Los romanos, pues, acometen contra Gamala, pero sufren una serie de reveses e incluso Vespasiano es atrapado en la ciudad y tiene que luchar para salir de ella, muriendo en ese intento un comandante suyo llamado Aebutius, quién había luchado antes contra Josefo en la toma de Jotapata. Las tropas romanas se desmoralizan y Vespasiano tiene que arengarlas, diciéndoles que ellos no pueden esperar ganar siempre fácilmente y que en realidad las pérdidas romanas son insignificantes en comparación con las miríadas de rebeldes muertos y que, por tanto, deben recobrar el valor que caracteriza a los buenos soldados y dejar de portarse como afeminados. Ante esto, el asedio es renovado y la gente comienza a huir de la ciudad por barrancos y pasos subterráneos. En el ínterin, Tito se encontró con Mucianus en Siria, quien sustituía a Cestio Galo por orden de Nerón como gobernador de dicha provincia (pues, poco después del desastre de Bethorón, Cestio murió, probablemente durante el invierno del año 67). También, Placidus, que había sido enviado por Vespasiano hacia el suroeste, tomó una fortificación que había sido levantada por orden de Josefo en el monte Tabor;y no se dejó engañar por los defensores, que pretendieron salir para hablar con él en términos de rendición cuando en verdad estaban organizados para un ataque por sorpresa; pero Placidus puso una emboscada contra ellos y los derrotó, y muchos de los insurrectos huyeron a Jerusalén, quedando sólo en el lugar los naturales, los cuales se rindieron pacíficamente. Por su parte, entrados ya en la segunda semana de noviembre del 67, aunque la defensa de Gamala estaba muy debilitada, el sitio de la ciudad continuó hasta que 3 soldados de la legión XV entraron sigilosamente al amanecer y socavaron una torre. Entonces, los guardias de la ciudad huyeron y los 2 líderes que comandaban a los rebeldes murieron. A continuación, el día 11 de noviembre del año 67, el ejército romano entró en Gamala y se produjo un suicidio masivo de los habitantes de la ciudad. Los romanos, además, mataron a 4000 personas. Sólo dos mujeres sobrevivieron, que resultaron ser sobrinas del hijo de un tal Filipo de Jacimus, un comandante de Agripa. Tras su regreso de Siria, Tito avanzó contra Giscala, la última ciudad rebelde, y le ofreció la posibilidad de rendirse explicándole que las demás ciudades, más fuertes que ésta, ya habían caído. Juan de Giscala respondió a la propuesta solicitando que se concediera un plazo hasta el día siguiente, pues el día actual era sábado. Tito estuvo de acuerdo y se retiró, pero Juan aprovechó la oportunidad para huir antes de la caída de la noche, con sus zelotes seguidores armados y con sus familias. Se dirigieron hacia Jerusalén, pero Tito los persiguió con una fuerza de caballería y mató a 6.000 de ellos, y capturó a 3.000 mujeres y niños; pero Juan se escapó y llegó a Jerusalén. Finalmente, Tito entró en la ciudad y la aseguró con una guarnición. Oficialmente, antes de la llegada de diciembre del 67, la campaña romana de Galilea se dio por terminada.

  10. #180
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    Predeterminado Re: Pseudoveltíosis natanatórica

    [Pseudoveltíosis natanatórica, comentario 153]
    Hacia finales de noviembre del 67, Tito regresó a Cesarea desde Giscala y Vespasiano emprendió una campaña por la costa, bajando desde Cesarea hacia el sur de Jope (o Joppa, tomada por Trajano a mediados del verano del mismo año y donde ahora residía una guarnición romana) y sometiendo a las ciudades de Jamnia (Yamnia) y Azotus; y luego regresó a Cesarea con un gran número de cautivos, quienes habían acordado su rendición sin presentar batalla; entonces, Vespasiano y todo el ejército se dispusieron a invervar (descansar durante el invierno en Cesarea, antes de acometer la campaña de Judea). Pero previamente, y para asegurarse el control de toda Palestina y el fin de toda insurrección en el territorio reconquistado, redujo los últimos islotes de resistencia judía en Perea enviando al tribuno Plácido a tomar su capital, Gadara, y dejando sólo subsistir la fortaleza de Maqueronte (Machaerus). Entretanto, los rebeldes galileos se refugiaron en Jerusalén y también lo hizo Juan de Giscala entre ellos; sin embargo, los judíos, lejos de mantener la unidad frente a los romanos, con la llegada del tal Juan (recordemos que este personaje, jefe de una banda extremista, le presentó a Josefo en Galilea una gran oposición poco antes del avance de Vespasiano) dieron comienzo a una lucha de poder entre facciones que provocó enfrentamientos en el interior de la ciudad de David (es decir, Jerusalén). Esto llegó a oídos de Vespasiano, pues las disputas en Jerusalén eran bastante notorias; y ante esto, algunos comandantes romanos creyeron oportuno que Vespasiano atacara la ciudad de David y la tomara sin más dilación, argumentando que la providencia divina estaba a favor de Roma; pero Vespasiano fue muy cauteloso y prudente, y decidió esperar tranquilamente durante todo el invierno del 68 para dar tiempo a que las distintas facciones judaicas se debilitaran entre sí (lo cual hicieron, efectivamente, llegando incluso a provocar matanzas intestinas en Jerusalén; y más, porque, debido a que los líderes de los distintos grupos en disputa no sentían ahora ninguna necesidad de protegerse de un eventual e inminente ataque romano, querían resolver definitiva, insensata y rápidamente el asunto del liderazgo por la fuerza de las armas, antes de que un tal ataque romano se produjera; y de hecho las luchas entre facciones se recrudecieron y se hicieron muy sangrientas, y como consecuencia las reservas de grano de la ciudad fueron destruídas o quemadas, los alrededores del templo arrasados y más de 20.000 judíos perdieron la vida). Por lo tanto, los romanos esperaron y miraron; y entonces Vespasiano comentó: “Dios es mejor general que yo, pues nuestros enemigos se destruyen entre sí con sus propias manos”. Aparentemente, la fuente de información de Vespasiano fueron los muchos judíos que desertaron de Jerusalén y se entregaron a los romanos, suplicando que se protegiera a la ciudad de la violencia de los rebeldes y se rescatara al resto de sus habitantes, pues éstos no apoyaban la insurrección y desgraciadamente se encontraban atrapados en la metrópoli, en medio de unas condiciones que empeoran de día en día y que se extendían incluso a las pequeñas poblaciones circundantes.

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