Esta historia que voy a contar es rigurosamente cierta. Me fui a Soria a recorrer las orillas del río Duero, recitando mentalmente el poema que Machado le dedicó, pensando, con nostalgia, en el recorrido entre las ermitas de san Polo y San Saturio, que recorría con Leonor para que tomase el sol. Comprobé lo que dice la siguiente poesía; todo era cierto y casi tuve la certeza de que por allí seguía paseando el poeta.
A LOS ÁLAMOS DEL DUERO
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera,
del Duero, entre San Polo y San Saturio
tras las murallas viejas de Soria,
barbacana de Aragón
en castellana tierra.
Esos chopos del río que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua cuando el viento sopla
tienen en sus cortezas
iniciales, que son nombres de enamorados,
cifras que son fechas.
Álamos del amor, que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas.
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera.
Álamos del amor,cerca del agua,
que ríe y pasa y sueña.
Álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva.
Antonio Machado
Me emocionó ver en los troncos de los árboles las iniciales y las cifras. Todo mi viaje fue un homenaje a él
Ebúrnea

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