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Tema: Cinco Das en Miln

  1. #1
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    03 mar, 10
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    Predeterminado Cinco Das en Miln

    Cinco Das en Miln


    Autor Georgeone


    Primer da

    En el cementerio de Miln hay una galera de nichos bastante larga a la que se entra bajando unos cuantos peldaos. Cada poco trecho tiene un escape.

    He intentado verla varias veces pero siempre salgo por donde he entrado, sin poder cruzarla, no me deja. Se me come, me chupa el entendimiento, me convierte en un nio chico que se acaba de dar cuenta de que se ha perdido y me saca el aire.

    Maana ir a buscar el porqu.


    Segundo da

    Acabo de volver del cementerio. A partir de aqu se puede ver la transcripcin de las palabras que fui grabando en el lugar con un casete de mano, con intencin de repasar despus, ahora, lo que hubiese recogido y no dejrselo a la memoria. Es de mal leer por las muchas pausas:

    Clic. "Hablando solo con un cacharro. Como me vea alguien... Bueno, son... las tres y media. Bajo la escalerita... Hoy huele que alimenta, cantaba desde afuera... Como no soy como Dios manda, nunca llevo pauelo... Sujeto el cuello de la camisa con la mano por encima de la nariz, supongo que se oir igual... Hace un calor... Viene alguien, me salgo." Clic.

    Clic. "Me han saludado dos seoras mayores en italiano y les he respondido moviendo la cabeza con circunstancia y sonriendo inofensivamente. Es lo que tiene ser guiri... La bajita tena el pelo morado, luego dicen de las jvenes...

    ...Un payaso, una nia vestida de comunin y un bigote con un carabinero, dejo que esto siga grabando... me lo meto en un bolsillo del pecho...

    - Buon pomeriggio, stai alla ricerca di una persona cara?
    - Excusi io non parlo italiano...
    - Cretino mascalzone...
    - ...pero me puedo cagar en la tua mamma sbito, tontolculo.
    - Bah, turisti...

    Cmo est la tropa... me voy a callar un rato hasta que dejen de orse sus pasos..." Clic.

    Clic. iaa... Clic. Clic. "Hay que cambiar las pilas, vaya timo." Clic. Clic. "Bueno, vamos para all... Todo es corriente: el olor denso, el silencio... total si me callo. Las fotografas plidas... las fechas... los Mio Figlio!... los ptalos mustios por el suelo... el cubo y la fregona... el verano... Nichos vacos... nichos llenos... ms nichos... Zombis por delante... y zombis por detrs.

    - No somos zombis, somos muertos.
    - Ah, mucho mejor.
    - Es que no ve usted que transparentamos?
    - S... pero poco.
    - Porque somos italianos.
    - Ya, entonces cmo es que les entiendo?
    - Los muertos hablamos el idioma del que nos ve. Acaso a Goethe le hablaban holands o al Dante en chino?
    - No, pero es porque lo suyo era ficcin.
    - Entonces esto suyo qu es?
    - La realidad, no?
    - Otro que no sabe dnde tiene la mano derecha, muchachos.

    - Ustedes son producto de la imaginacin?... es que he estado malo.
    - En qu quedamos?
    - Voy a cerrar los ojos, cuando los abra no habr aqu nadie ms.
    - Jaaa, ja, ja... Acercaos a ver a este to. Y lleva una grabadora, no os lo perdis.
    - Aprtense un poco. No atosiguen.
    - Espere, no cierre los ojos an. Estamos aqu porque tenemos un montn de asuntos sin resolver. Peppino, los papeles... Tenga, haga el favor de darles curso. En cada carpeta est indicado lo que quiere cada uno.
    - A dnde voy a ir con todo esto? No soy de aqu, ni conozco el idioma, ni s que hacer... y pesan una tonelada.
    - Vamos, vamos, no sea oo. Ya se le ocurrir algo.
    - Por qu no esperan a que pase otro y se los dan a l?
    - Porque el ltimo que pas, lo hizo hace ms de treinta aos y no habamos muerto casi ninguno. Peppino es el nico que estaba aqu por aquellas fechas.
    - Por aqu pasan docenas de personas todos los das.
    - ********** que nos puedan ver, uno cada treinta aos, al parecer.
    - Ya me est usted cayendo gordo.
    - Es una forma de hablar... por ir con los tiempos, no se habla as ahora?
    - Voy a cerrar los ojos. Adis.
    - Vuelva cuando quiera, nosotros estaremos por aqu.

    - Abro los ojos... ya!
    - Qu juventud... Mejor d unos cuantos pasos y acrquese hasta la salida, est ah mismo, la ve? Ande, vaya... Y no se olvide de lo mo sobre todo." Clic.

    Y esta ha sido la grabacin.


    A la salida segua en su sitio el hombre que encontr a la entrada. Sombrero de ala gris chiquitn para su cabeza y un puro bueno a medias. Gordo gordsimo, slo se vean las patas de la silla en la que se sentaba. Me cost un trabajo mprobo hacerle comprender que tenan una galera de muertos molestando a los turistas. Fue atentsimo y paciente con mis explicaciones, como si me entendiese incluso. Despus se puso a llamar por telfono con mucho aparato, entre aspavientos y qu vergoas, dando a entender que estaba hablando con los marines, como poco, para que acordonaran la zona y restituyesen al punto el honor mancillado por tal infamia jams vista antes por sus expertos ojos en su pulcro y relimpio cementerio orgullo de las Italias y ms all.
    O sea, que la conversacin haba terminado y que me fuera.
    Maana cuando vuelva, si es que vuelvo, seguirn sorprendiendo a los visitantes con el mismo espectculo. Me juego algo.

    Para empezar, est en mi poder la psicofona ms larga de la historia de la tontera. Ms adelante ver qu partido le saco.

    No voy a continuar con disquisiciones sobre lo cierto o incierto que pueda ser esto, sobre si ya me he chiflado del todo y es hora de especialistas. Soy incapaz de imaginar algo as.

    Y encima de la mesa hay un montn de carpetas y tengo las grabaciones.

    Lo que me llama la atencin de veras es el miedo que me daba la galera sin tener motivos para ello. Ahora ya los tengo pero ayer qu.

    Por otra parte, sera de miserables incumplir con todos esos viejecitos. Porque esto s que es ser viejo, estar muerto. Aunque hayas muerto de nio, patapam, viejo de golpe. Te has saltado todos los pasos.

    Voy a tener que ir otra vez al cementerio, est decidido. Han depositado en m su ilusin y no debe ser pisoteada. Lo considerar una especie de compromiso personal con... los dems?

    Con fiambres?!

    Llevar debajo mi camiseta de baar al perro, por si acaso.


    Tercer da

    Esta es la grabacin de hoy:

    Clic. "Probando..." Clic. Clic. "Se oye bien...

    - Ya era hora, por qu ha tardado usted tanto?
    - No dije que fuese a venir.
    - Se da cuenta de que podemos llegar a ser terribles?
    - Sin duda, aqu cada da huele peor.
    - Es el cadver de Panfilo. Lo trajeron el mes pasado y est en la etapa gaseosa.
    - Vamos a salir al aire libre, aqu no puedo respirar.
    - No le conviene. Como se enteren los del patio de fuera de que tenemos un vivo no podr marcharse nunca, se le acumulara demasiado trabajo. Cuando les vea hgase el tonto.
    - Pues entonces vamos a darnos prisa. Veamos... Guillermina Calcaterra e Falcone!
    - Le dije que primero se ocupara de lo mo, o no se lo dije?
    - No me lo dijo. En la eternidad sigue habiendo favoritismos?
    - S se lo dije. Y esto no es la cola del pescado. Aaarlll!!!...

    - Te has pasado con el chico.
    - Que le den por ****... Yo le vi primero, le dije que hiciese lo mo y ahora viene con pamplinas.
    - Ya vuelve en s, anda, pdele perdn no sea que se nos quiera ir.

    - Ay, ay... Cpasao?
    - Que es usted de natural asustadizo.
    - Y esa triple fila de dientes llenos de baba? Y esa lengua de dos palmos? Y, y, y esos ojos espesos y descolgados?
    - Me he inspirado en el Alien.
    - Me largo, estoy muy ofendido... no me hacen ninguna gracia las demostraciones macabras. He vuelto por ustedes, desperdiciando mis vacaciones... pero si no se me quiere...
    - Pues ale, que esto no es un circo. Ya nos arreglaremos.

    - De eso nada, ahora no se puede ir... No escuche a mi marido, es muy mal hablado. Siempre ha sido un soberbio y un extravagante. Cuando ramos jvenes no era malo pero con el tiempo se hijoputiz...
    - Guillermina, eso no le interesa a este seor!
    - Me tena que haber liado con el pastelero que era de familia de posibles y no con este pelagatos pero como fui tonta...
    - S, pero acabaste casndote conmigo as que...
    - Hasta que la muerte nos separe dijo el cura y, que yo sepa, estamos muertos. Y t ms que yo.
    - Guillerma que an no me conoces!...
    - Qu. Qu vas a hacer, valiente?... Cuando me llama Guillerma es que est enfadado de verdad, no le haga caso que se le pasa enseguida, tiene mucho pronto pero luego nada.

    - Les dir lo que voy a hacer... Me dirijo a todos! A ver, los de detrs devulvanse las piernas, cada uno con las suyas... Y nada de atravesarme a la que me descuido, es asqueroso; a ustedes les hace mucha gracia pero a m ni pizca. Ya est bien de alborotar y armar jaleo. Un poco de gravedad y de respeto por los vivos, por amor de Dios, que estamos en un lugar sagrado. Le quitan ustedes todo el misterio... No les da vergenza?

    - Se est usted excediendo, mocoso. Acaba de llegar y ya est dicindole a todo el mundo lo que tiene que hacer.
    - T cllate. Ests rabiando porque me ha tocado a m la primera.
    - No es por eso slo. Este to me descompone el cuerpo.
    - No voy a hacer el chiste.
    - Ms te vale.
    - Vamos a escuchar lo que quiere decir el muchacho de una vez.
    - Por qu? Estoy hasta aqu de l, como siga dndoselas de perdonavidas no respondo. Me lo cargo y a otra cosa.
    - Ya te cuidars, antes tendras que pasar por encima de mi... De m. Y deja de usar palabras dudosas.

    - Esto... Tommonos las cosas con calma. Les entiendo perfectamente, este sitio no es cmodo, no hay ms que verlo. Estar aqu todo el da tiene que ser bastante aburrido, no hay mucho con lo que entretenerse... y estamos todos un poco nerviosos...
    - Lo estar usted. Si por m fuese ya le habra sacado las mantecas, con mucha calma.
    - No, si, en realidad, no estoy nervioso. Lo deca por... Viene alguien, dispense!" Clic.

    Y hasta aqu la segunda grabacin.


    No vena nadie. Aprovechando el momento de incertidumbre sal todo lo deprisa que pude y me mezcl con un grupo de turistas finlandesas para pasar desapercibido para los residentes del patio central. Estaba tan alterado que ni siquiera hice amago de ligar.

    Estos tos son peligrosos, sobre todo el marido de Guillermina. Qu carcter ms agrio. An no s como se llama. Maana, si me deja, se lo preguntar.

    Porque pienso volver, aunque, pensndolo bien, quiz sea mejor que tarde un poco ms, hasta que se aplaquen los nimos. Despus de la huida a la espantada de hoy no s si van a querer volver a verme. Si me presento con uno de sus casos solucionado es posible que se lo tomen mejor.

    El de Guillermina es enternecedor, dentro de su carpeta solamente hay un papelito amarillo que dice "Quiero ir al cielo, gracias" y debajo, "Guillermina".
    Esto no entra dentro de lo que puedo hacer pero estoy seguro de que ah es donde debe estar porque alguien que es capaz de escribir algo tan cndido no puede merecer otra cosa.

    En el teatro del mundo tambin hay descansos. Llegan solos, no es necesario forzarlos. Slo es preciso estar atento para no perdrselos y dejar de moverse tambin para no dar patinazos mientras la funcin est en pausa. En esas esperas es, precisamente, donde coincidimos, ellos y yo. La galera se pasa la mayor parte del tiempo en estos intermedios, voy all y sucede, es todo. Podra probar a trarmelos al hotel y continuar aqu la juerga pero de momento me gusta como va all. Subo y bajo del autobs como quien hace as con los dedos, quiz por eso Guillermina haya supuesto que s en qu puertas tocar para que le llegue su billete.

  2. #2
    Forero Experto
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    03 mar, 10
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    Predeterminado Re: Cinco Das en Miln

    Cuarto da

    Hoy no hay grabacin, se me olvid ***** el chisme.

    Por la maana, mientras desayunaba en una terraza, un hombre sucio se sent a la mesa sin mediar palabra. Era Guillermina, mi pensamiento empez a quejarse.

    Ni se inmut cuando me levant y me fui. Me volv varias veces a mirar y all segua estando, quieta como un muerto. Como el muerto que es. Permaneci sentada un buen rato hasta que el camarero, con muy malas maneras, la ech de la mesa.

    La segu hasta el cementerio, llevaba una marcha bastante dolorosa as que fue sencillo. Mientras suba por la escalinata le cog del brazo y le pregunt por lo que estaba pasando. Se me abalanz tirando puetazos al aire con intencin de acertarme, perdi el paso y se cay rodando por las escaleras hasta abajo del todo. De no estar tan borracha se habra abierto la cabeza. Se levant trastabillando y volvi a empezar con la subida, a medio camino, abandon el cuerpo y se intern en el cementerio.

    El hombre sucio me miraba con los ojos abiertos de par en par.


    No estaba el hombre gris, en su silla se sentaba una seora azul. Azul... O verde Cabrales, ya no s muy bien. Era de una piel tan fina que apenas le tapaba las venas que le corran por la cara. Estaba ciantica perdida, daban ganas de hacerle la respiracin artificial.

    Los de la galera casi me linchan, sigo vivo de milagro. Me achacaban la desaparicin de Guillermina. Encontr sospechoso que, precisamente, su marido fuese quien me sacase del apuro. Antes de nada me aclar que no tena dnde agarrarse y que por eso iba a confiar en m porque, si no, me iba a enterar.

    Dijo que estaba preocupado porque no haba visto a su mujer desde que volvieron de las zonas lisas con un visaje adherido a las espaldas. Que su vnculo se haba soltado por un cambio impreciso de filamentos de la corteza y se deba estar volviendo opaca. Que se le escapaban luces por el boquete. Que no se explicaba cmo haba podido salir del cementerio dado que no est permitido y, adems, lo impiden las lneas de fijacin contenidas en las secciones blandas en madeja.

    No cog ni una, pero eso es lo que dijo. Lo que s entend es que haba que encontrar a su mujer enseguida para que la cosa no fuese a ms. Fuese lo que fuese la cosa.

    Me cuid mucho de decirle que haba estado con ella y que acababa de verla entrar en el cementerio.


    La encontr sentada en un banco de la catedral, era ella en carne y hueso. Estaba ms joven.

    Dijo que la culpa de lo que estaba pasando era ma por pensarla. Cuando le pregunt que si no pensaba en ella cmo iba a poder ayudarle, me cont que yo no comprenda nada ni podra hacerlo mientras no fuese consciente de que era yo mismo quien la llevaba de un lado al otro. Que estaba tomando el camino inverso. Que si no entenda la diferencia entre pensar en ella y pensarla.
    Que s, que estaba all, pero no en su carne y en su hueso sino en los que yo estaba fabricando con tanto llamarla.

    La imagin reventando una Movilette oxidada a escape libre subiendo un puerto a toda leche. Tambin prob a verla con unas gafas de **** de vaso leyendo el "segundamano", sin embargo, no hubo cambios. Por lo tanto, le dije que las novelas rosas son un gnero pernicioso y que no debera ponerse en peligro fantaseando con lo que dicen sin estar muy segura de tener una voluntad robusta con la que poder aferrarse a un comportamiento recto.

    Como es lgico, puso cara de estar delante de un grandsimo ********** pero yo no iba a fingir comulgar con ruedas de molino porque se le hubiera antojado a una desquiciada mujeruca fantasmagrica. Por amabilidad s.
    Por eso le asegur directamente que si quera que hiciese algo concreto lo hara.
    Respondi con un arrebato de coraje. Tiene una boca muy sucia que no se lleva bien con su aire angelical. Lo nico que se puede extraer de lo mucho que dijo es que no necesitaba un "miserabile servo disprezzabile e ignobile" sino alguien que actuase por s mismo que no escuchase a su marido y a sus amigotes.

    Maldecir en italiano debe ser un placer pero confundir amabilidad con servilismo es de pobres... No soy capaz de absorber tanta paponada, ni tampoco de comprender el pensar de alguien instalado en lo tenebroso. Lo que sucede en el mundo de los seres fritos no ser cosa ma hasta dentro de mucho tiempo, espero.

    Cuando salimos a la calle un gracioso vaci una bolsa de grano sobre nosotros. Casi se nos comen las palomas de la plaza, qu asco. Es difcil ver alguna que conserve todos los dedos. Haba tantas que tem que nos llenaran de garrapatas. A Guillermina le hizo muchsima gracia, daba botes y grititos mientras se tapaba la cara con las manos. Pareca que se le fuese a desprender el **** de su sitio en cualquier momento... Es ms simple que el asa de un cubo.
    Por un instante tuve la esperanza de que cuando las palomas se alejaran de ella no hubiesen dejado nada, pero no fue as. All continuaba tan contenta y se le haba pasado de golpe lo dramtico de haca un rato.

    Coment que era muy probable que no le fuese bien permanecer demasiado tiempo lejos del cementerio, pregunt que yo qu saba de eso y cuando le dije que su marido me lo haba dicho dej de hablarme. Anduvimos todo el camino en silencio, fue mano de santo y en cuanto cruzamos las puertas del cementerio volvi a sus transparencias; para m supuso un desahogo que dur hasta que avist, desde fuera, lo que se estaba cociendo en la galera. Por hoy ya tena bastante, la dej en la entrada y, tras despedirme, me fui discretamente antes de que cayesen en la cuenta de mi presencia.

    Si hay algo que encuentro raro de hoy es que ya la estoy echando en falta.
    Su inocencia me desparrama.
    Es una fantasma malhablada, vieja, muerrta y, por si fuera poco, casada. Estaba guapsima.

    Para maana no tengo ningn propsito de volver. Se me est acabando el dinero y an no he visto bien la ciudad.


    Quinto da

    El primer monumento que he visto esta maana ha sido la cara de Guillermina. Estaba sentada en mi cama esperando a que me despertase. No gano para sustos.
    Deba tener alrededor de veinticinco y su aspecto era sensacional. Todo en ella era exacto.

    Expeli un "Buenos das" en fro.
    Me envolv en la sbana para salir por el lado de la cama en el que no estaba ella... No quise que me viese en pijama.
    Entr en el cuarto de bao. Cerr con pestillo haciendo ruido para que se notara que lo haba echado y me puse a escuchar detrs de la puerta...
    Le estaba dando la risa floja, a m, un ataque de orla. Es una lstima que sea un sonido irreproducible.

    Clic.

    - Tengo hambre, pdeme un desayuno.
    - Aqu es muy malo. Es mejor en la cafetera de enfrente del hotel y mucho ms barato. Adems cmo es posible que tengas ganas de comer?
    - T sabrs, eres el causante de que est aqu, te advert que no me pensaras.
    - No empecemos con eso otra vez.
    - Soy asunto tuyo, estoy aqu porque t lo quieres, soy como t dices que sea, mi aspecto es el que t imaginas, soy de carne y hueso de nuevo porque t eres bastante corto de entendederas y tengo hambre porque son las siete de la maana en tu reloj. Te recomiendo que no fabules igual con toda la gente de la galera porque como se presenten aqu lo vas a pasar mal de verdad y encima te va a costar una pasta, tacao.
    - Voy a pedir el desayuno, alcnzame el telfono.
    - Ahora ya no. Vamos al bar que dices.
    - En cuanto me vista...
    - Voy a hacer pis, no s si sabr volver a hacerlo. Cuando salga nos vamos?
    - Bueno.

    - Qu quieres?
    - Lo que estn comiendo esos pero con el caf ms grande.
    - Me cambias el sitio?
    - Por qu?
    - Porque me gusta ms donde ests sentada t.
    - Vale, a m me da igual.
    - Por eso. Voy dentro a pedir.
    - Espera, voy yo, a ti no se te entiende. T que quieres?
    - Lo mismo.

    - Ay madre, vienen para ac Peppino y el marido de Guillermina... No me han visto... Han cambiado de acera... Se meten en el hotel...
    - Ahora viene el camarero a trarnoslo. Es el que me ech ayer... Qu estabas murmurando?... Qu pena de hijo.
    - Estoy pensando que estaramos mejor dentro. Nos est dando el sol y no se est bien.
    - No tienen aire acondicionado, se est mucho peor que aqu. Hace un calor que no s puede soportar.
    - No importa el calor, mujer, lo que es malsimo es el sol. Sobre todo para ti que ests muy blanca... y despus, cuando nos vayamos, nos dar ms gusto irnos, ya vers qu bien.
    - Ests como un cencerro... Esprame!

    - Vaya vaya... No hace mucho calor para estar aqu?
    - Qu alegra! no esperaba verles en un sitio como este... Cmo van las cosas por la galera?... Tendrn ms fresquito, supongo.
    - Nos han dicho en el hotel que acababas de salir con una mujer, dnde est?
    - No es una mujer es una chica.
    - Dnde est?
    - Ha ido al lavabo, no para.
    - No es Guillermina verdad?
    - Nooo, no.
    - Pues vamos a esperar los tres aqu a que salga, sintate.
    - Afuera se est mucho mejor, da el solecito maanero y corre el aire, se est muy bien.
    - Cuando salga. Y si resulta que te has equivocado, sin querer, y es Guillermina, te vamos a dejar, digamos... difcil de entender.
    - Por qu iba yo a decirles algo que no es? Aqu no hay quien pare de calor, en serio no prefieren salir y esperar all tomando alguna cosa?
    - Nosotros no podemos tomar nada, no nos toques ms las pelotas.
    - Perdn, no me acordaba. Es que tienen ustedes hoy una apariencia sansima... Ya veo que me tienen ms confianza, les puedo tratar de t yo tambin?
    - No es confianza, es ausencia de respeto.

    - Empiezo a hacerle algo ya?
    - En cuanto salga Guillermina. Y t apaga la grabadora, o tienes curiosidad por saber cmo gritas? Ser pelmazo con el aparatito de los huevos...

    - Est apagado.
    - Trae... Clic.

    Y apret y apret...

    Cuando sali del lavabo una nia de quince aos, el marido de Guillermina se puso a estornudar bichos sobre la mesa que corran a esconderse patas abajo. Peppino estaba estupefacto.
    Antes de que reaccionasen, le dije que me esperase en el mostrador que enseguida iba, no fuera a ser que empezasen a fijarse bien.

    No hicieron preguntas. Dijeron que tenan que encontrar a Guillermina ellos mismos ya que yo no serva para nada y, encima, les estaba haciendo perder el tiempo miserablemente, con la prisa que llevaban. Tambin que medio cementerio la estaba buscando por la ciudad.

    Me ceb un poco con ellos recriminndoles su desconfianza y sus formas descuidadas.

    Si no tengo el pelo blanco poco debe faltar.


    - Ests ms rubita.
    - Como sigas as vas a terminar cambiando paales. Me conformo con cmo estoy ahora.
    - Bueno... a partir de este momento depende de ti, he decidido no escribir ms.
    - Escribas o no, volvers a la galera. Eso te traer aqu.
    - Podra ser que tuvieras que esperar mucho, esto tiene pinta de ir para largo.
    - Menos que en la galera, seguro... Todo lo dejas siempre a medias?
    - A medias no, casi a punto de terminar.

    - Me vas a dejar aparcada.
    - Para m tambin es imprevisible.
    - La verdad es que no importa.
    - Es importante que no importe.
    - Cierra.
    - Antes podramos darnos un abrazo...

    Esta ltima conversacin no est grabada, es slo un recuerdo vago.


    Y encima de la mesa sigue habiendo carpetas. Miedo me da abrirlas.

  3. #3
    Forero Experto Avatar de Avicarlos
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    Predeterminado Re: Cinco Das en Miln

    Pues s que hallas literatura rara rebelderenegado. Lo le de un tirn siempre aguardando descubrir a que venan las incongruencias. Si con estre quinto da, se acab la historia, para m que la nica respuesta es un sueo.
    Es que se me nota anticuado?. jajajaja

    Saludos de Avicarlos.

  4. #4
    Forero Experto
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    Predeterminado Re: Cinco Das en Miln

    Es de un coterraneo suyo, lo pubic en una pgina espaola donde se llevar mis cuentos y este me pareci raro y entretenido, a pesar de la temtica, que creo que si sucediera algo asi de verdad no andara muy descaminado el enfoque.

  5. #5
    Registrado Avatar de Caracolamarina
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    Predeterminado Re: Cinco Das en Miln

    Me encant, el surrealismo!! De los muertos, que son ciertos y los imaginados..Los que se convierten, por medio de la imaginacin en reales, pero no tanto...Los que buscan su inters ( el marido de la Guillermina ) pero ni sabe cmo hacerlo.
    Interesante ..muy interesante las maneras de comunicarse...jejejejee


    """pero con el tiempo se hijoputiz...

    - Guillermina, eso no le interesa a este seor!""""

    Un relato entretenido. Leerlo y descifrarlo lo es.
    Saludos rebelde...saludines hasta la docta...desde Baires.

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