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Tema: Los Guisantes de Mendel

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    Predeterminado Los Guisantes de Mendel

    Los guisantes de Mendel



    Para comenzar esta historia, vamos a mirar hacia el pasado, a 1865, en esa misma ciudad de Brno (que entonces se llamaba Brünn y pertenecía a Austria).

    Gregor Mendel pasea por el jardín del monasterio donde vive y trabaja, observando con atención las plantas de guisante (Pisum sativum) que ha cultivado en él y tomando notas sobre ellas. Durante varios años, esa pequeña plantación ha sido su experimento.

    Mendel hace poco que ha presentado ante la Sociedad de Ciencias Naturales de Brno los resultados de sus experimentos, que han tenido una buena acogida. En ellos describe el modo en que los caracteres pasan de padres a hijos. Ha empleado mucho tiempo en esa investigación. Y muchas plantas, trabajo y cuidados. Y, sobre todo, muchas matemáticas.

    Primero tuvo que seleccionar cuidadosamente cepas puras para, con ellas, llevar a cabo una serie de cruzamientos, clasificar y contar la descendencia de estos, y calcular con estos datos cómo funciona la herencia de los caracteres.

    De sus cálculos, Mendel dedujo sus famosas tres leyes que, esquemáticamente, consisten en lo siguiente:

    1. Cuando se cruzan individuos de razas puras para un caracter, todos los descendientes de la primera generación son iguales.
    2. Al cruzar los individuos de la segunda generación, los caracteres de los progenitores se muestran segun la relacción 3:1.
    3. Los caracteres hereditarios se transmiten independientemente unos de otros.

    Las leyes de Mendel representaban la culminación a un debate de siglos: ¿Los rasgos hereditarios se "diluyen" a través de las generaciones? ¿Los de los padres se mezclan en los hijos? ¿Podían permanecer oculto un rasgo durante varias generaciones y luego aparecer de nuevo?

    Mendel daba respuesta a estas preguntas y, de paso, ponía la que sería la primera piedra de la moderna genética.

    La leyenda

    La historia siguiente, innumerables veces repetida, es ampliamente conocida:

    Mendel chocó con la incomprensión de su época ya nadie le hizo caso: Un modesto fraile de Brno no era digno de codearse con la élite científica mundial, y sus experimentos y conclusiones fueron condenadas al olvido. Fué un adelantado a su época, pagó por ello con el olvido, y murió siendo un desconocido.

    Hasta que, en 1900, los científicos Hugo de Vries, Carl Correns y Eric von Tschermak "redescubrieron" las leyes y, buscando entre la biografía publicada, encontraron el olvidado artículo de Mendel.

    Esto me recuerda a los inigualables "Les Luthiers", cuando cuentan la historia de Don Rodrigo Diaz de Carrera, que fundó Caracas...

    En pleno centro de Caracas.

    "¡Que ya estaba fundada!"

    Con proverbial caballerosidad científica, Vries, Correns y Tschermak, admitieron la prioridad del difunto monje, que fué rescatado así del anonimato.

    La verdad es que la historia tiene "gancho". Al fín y al cabo, los hombres somos unos románticos, y la leyenda del genio incomprendido a quién ningunean los "sabios", muerto en el anonimato para resurgir plenamente reconocido posteriormente, es una tentación demasiado fuerte. Supongo que, por eso, todas las versones tradicionales de este mito van más o menos en esa línea.

    Pero, claro, tú que eres de mente preclara y me conoces, ya te habrás imaginado que ahora es cuando yo digo eso de "Pero no fué exactamente así". Acertaste.

    Pero no fué exactamente así

    Como he comentado al principio, cuando Mendel presentó sus experimentos en la Sociedad de Ciencias Naturales de Brno obtubo una buena acogida. Al año siguiente de esto, su trabajo fué publicado en la revista de la institución que, si bién no tenía demasiada difusión, sí llegó a manos de naturalistas de su época.

    Pero las cosas no iban a ser tán fáciles, sobre todo porque las tres leyes de Mendel no son exactamente ciertas.

    En particular, la tercera ley, que dice que "los caracteres hereditarios se transmiten independientemente unos de otros", falla.

    Como sabemos hoy día (pero Mendel no podía saber) los genes se agrupan en cromosomas. Aunque en la meiosis existe una fase en la que se recombinan los cromososmas (entrecruzamiento), en general los que están en un mismo gen se transmiten juntos, lo que dá al traste con la tercera ley.

    Por otro lado, Mendel no definió demasiado lo que es un "carácter heredable" y, además, hay muchos caracteres que dependen de varios genes (por ejemplo, el color de la piel humana), para los que las proporciones de Mendel, tal como él las enunció, no son válidas.

    Esto es importante y representa un problema más serio de lo que parece: El que, precisamente, caractéres tan "socialmente relevantes" (y entonces aún más que ahora) y tan conspicuos como el color de piel o los rasgos faciales parecieran contradecir sus leyes fué un serio problema.
    En realidad, las leyes de Mendel siguen siendo válidas para estos casos, una vez que se tienen en cuenta las circunstacias concretas. Pero esto no es algo inmediatamente evidente, y no podemos condenar a sus coetáneos por considerarlas contraejemplos.

    Pero aún había más.

    A pesar de los obstáculos mencionados, Mendel estuvo en contacto epistolar con Carl von Nägeli, una de las principales autoridades en botánica de su época, que se interesó por su trabajo.

    Nägeli era una figura respetada y ,si hubiese dado su apoyo al monje, jamás se habría olvidado su trabajo y la historia hubiese sido muy distinta.

    Y aquí viene el meollo de la historia.

    Nägeli estaba en ese momento trabajando con plantas del género Hieracium, y le sugirió a Mendel que repitiera sus experimentos con ellas.

    Mendel lo hizo así, y los resultados fueron desesperanzadores: Mendel había seguido el mismo método riguroso que con sus guisantes, pero Hieracium le desilusionó: No cumplía sus leyes (En concreto, se saltaba la segunda o "de segregación"). En 1868 Mendel publicó sus trabajos con Hieracium, dando cuenta de las diferencias entre sus resultados y los esperados.

    No podemos saber qué habría ocurrido si Mendel hubiese seguido experimentando con otras plantas, pero podemos suponer que la historia habría sido muy distinta, porque Hieracium es una excepción: Este género tiene la peculiaridad de que puede reproducirse, además de sexualmente, por partenogénesis (¿recuerdas el post del otro día sobre el sexo en la naturaleza?), pero eso Mendel no podía saberlo. Muchas de las plantas que Mendel creía descendientes de dos progenitores, en realidad eran hijas de solo uno de ellos.

    Además, el año anterior Mendel acababa de ser elegido abad de su monasterio, y eso le cargó de montañas de trabajo que le impedían dedicarse a la botánica con la misma intensidad que antes.

    A partir de entonces, Mendel solo publicó un par de trabajos (de caracter local y nada sobresalientes) de climatología, por lo visto fué un buén abad, y murió (dicen que, en parte, a causa del esfuerzo que requirieron sus investigaciones con Hieracium), prácticamente olvidado, el 6 de enero de 1884.

    Mendel resucita

    Pero en en el año 1900 las cosas iban a ser distintas.

    Las técnicas de preparado, observación y microscopía habían avanzado tremendamente desde los tiempos de Mendel, había muchos más datos disponibles, los científicos habían observado los cromosomas, y algunos tenían sospechas de que tenían algo que ver con la herencia.

    "El campo estaba abonado", como suele decirse, hasta tal punto que tres personas (los mencionados de Vries, Correns y Tschermak), simultáneamente pero de forma independiente, llegaron a las mismas conclusiones que Mendel.

    Y el resto de la historia, más o menos, ya te lo he contado antes.

    En 1910 y gracias a la donación voluntaria de biólogos de todo el mundo, se erigió la estatua (del escultor Theodor Charlemont) de la que hablaba al principio de este post.

    No me malinterpretes: Nada más lejos de mi intención que quitarle mérito al abad de Brno. Su intuición genial, su paciente trabajo y sus experimentos rigurosos le llevaron a unas conclusiones que solo se "redescubrirían" cincuenta años más tarde y con más datos y medios más avanzados. Pero Mendel no fué, como dice la versión romántica, presa de los prejuicios elitistas de sus coetáneos.

    Curiosamente, aquellos que negaron a Mendel se equivocaron, pero por las razones correctas.

    Desde la plaza a la que se dió su nombre (Mendlovo námestí), Mendel miraba orgulloso al mundo que antes le había olvidado.

    Pero no habían acabado las tribulaciones del pobre abad. Porque, al menos en su propia tierra, Mendel estaba condenado a ser olvidado de nuevo. Y esta vez las razones del olvido serían mucho más ********s.

    Brno, 1965. Arrojada en un jardín, abandonada y olvidada, yace una estatuta.

    Se trata de la misma estatua de Mendel que cincuenta años antes presidía orgullosa la Mendlovo námestí.

    La razón de que en 1965 su estatua yazca abandonada es que Mendel ha sido considerado por las autoridades de todo el mundo soviético como anticomunista y contrario a los intereses del proletariado. No en su calidad de monje ni por causa de su ideario político o moral, sino como científico.

    Lysenko

    Trofim Denisovich Lysenko

    En 1929, en la prácticamente recién nacida Unión Soviética, un ingeniero agrónomo ucraniano llamado Trofim Denisovich Lysenko estaba "revolucionando" la biología. Sus éxitos con la vernalización (Un proceso que permite acelerar el madurado de algunas plantas haciendolas pasar por un periodo de frío), le habían aportado cierto renombre. Y él supo aprovechar ese renombre.

    Eran malos tiempos: El hambre y las malas cosechas nunca habían sido raros en el campo ruso, pero la revolución y sus consiguientes movilizaciones y luchas habían empeorado la situación. Lysenko aprovechó esa especie de desconfianza en los científicos "¿Por qué no han hecho nada por nosotros?". Los científicos no ofrecían soluciones al hambre, pero los éxitos con la vernalización de Lysenko prometían un futuro mejor.

    Lysenko era una especie de "neolamarkianio": Pensaba que los carcteres adquiridos durante la vida de un individuo se transmitía a su descendencia, y que unas especies podían cambiar espontáneamente a otras (trigo a centeno, era el ejemplo más típico).

    Para Lysenko, el Darwinismo y la genética eran, "ciencia burguesa" que había que erradicar, costruyendo una nueva biología acorde con los principios del proletariado. La suya, claro.

    A menudo, tendemos a juzgar injustamente los conocimientos de nuestros antepasados por los valores actuales, con lo que percibimos una imagen falseada, porque sabemos cosas que ellos no sabían, y nos preguntamos ¿Como podían ser tan tontos?

    Pero este no es el caso: Lysenko, para su época y en su contexto histórico, era un absoluto ignorante.

    La biología rusa de esa época estaba al mismo nivel de occidente, de modo que no es de extrañar que despreciaran a Lysenko y sus planteamientos.

    Pero Trofim Denisovich Lysenko, contaba con un as en la manga, y no era precisamente un argumento científico.

    Más versado en las artes de la política que en biología, sabía moverse en el ambiente del politburó, y tenía el apoyo de Joseph Stalin.

    La nueva Inquisición

    Nikolai Ivanovich Vavilov

    En 1938, el dictador puso a Lysenko en la presidencia de la "Academia de Ciencias Agrícolas" y del "Instituto de Biología", destituyendo a Nikolai Ivanovich Vavilov, el anterior presidente y un hombre incomparablemente más capaz.

    En una retorcia parodia del jucio a Galileo, se le exigió a Vavilov que se retractara de sus ideas afines a Darwin y Mendel. Vavilov se negó con las palabras "Iremos a la hoguera, pero no renunciaremos a nuestras convicciones.". Esto significó su perdición. En una parodia de juicio se le condenó por "espionaje" y fué deportado a Siberia, donde murió.
    La historia de Vavilov, su trabajo y su fidelidad al conocimiento es fascinante, pero no quiero alargar esto más.

    Vavilov no fué el único. Lysenko impidió la enseñanza de Darwin, Mendel y cualquiera que siguiese sus tesis, la publicación de trabajos y la investigación. En una brutal serie de purgas y deportaciones, envió a sus oponentes científicos a Siberia y, a veces, a la muerte.

    En la Unión Soviética y los países de su entorno la biología era Lisenkoista o no era nada.

    Y esto nos lleva, otra vez, a la estatua de Mendel.

    Al ser nuestro abad un autor "burgés", "contrario al materialismo dialéctico", prohibido y repudiado, las autoridades políticas ordenaron la retirada y destrucción de la estatua. Afortunadamente, quitaron la estatua, pero no la destruyeron. Me gustaría pensar que fué por algún acto deliberado en favor de la memoria de Mendel, pero sospecho que, en ralidad, la estatua se salvó por la simple dejadez de los encargados de cumplir la orden.

    Si anteriormente Mendel había sido olvidado por razones científicas, esta vez eran solo política e ideología lo que le condenaban.

    Los resultado para la ciencia soviética fueron desastrosos. Mientras que los avances, por ejemplo, en química o física fueron a la par con occidente, las ciencias biológicas se estancaron en un callejón inútil del que no podía surgir nada.

    Sin Mendel y sin Darwin, la biología soviética no existía.

    Pero la posición de Lysenko estaba basada en la fuerza, y no en las ideas. Cuando,en 1953, murió Stalin, Lysenko perdió su apoyo y cayó en desgracia. Aunque el daño ya estaba hecho, la era del Lysenkoismo había terminado.

    Segunda resurrección

    Sin embargo, su influencia aún duraría, y no fué hasta 1965, en el primer centenario del la publicación del trabajo de Mendel (y gracias en buena medida a las presiones de científicos extranjeros), cuando su memoria fué recuperada oficialmente.

    Se organizó una gran conferencia internacional sobre genética en el teatro Janacek de Brno, el obispo de Brno dió una solemne misa en su honor (algo sorprendente, dado el rechazo de las autoridades a las exhibiciones religosas públicas) en la catedral de San Pedro y Pablo, y la estatua fué recuperada de su abandono.

    En el monasterio de Santo Tomás, donde Mendel vivió y trabajó, se ubicó un museo en su honor, el Mendelovo muzeum - Muzeum Genetiky.

    En el jardín de la abadía se puede visitar la estatua de Mendel que, con la barbilla alta y el gesto relajado de la sabiduría, mira al frente, quizás recordando el pasado, quizás aguardando el futuro.

    A sus piés nacen, crecen y se cruzan las plantas de Pisum sativum, los guisantes de Mendel.

    Allan Psicobyte

    [URL]http://www.psicobyte.com/?modo=permalink&codigo=20050523174643[/URL]
    Última edición por rebelderenegado; 30/12/2011 a las 04:32

  2. #2
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    Predeterminado Re: Los Guisantes de Mendel

    Interesante.



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