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Tema: El espíritu santo... la fuerza activa de Dios

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    Red face El espíritu santo... la fuerza activa de Dios

    SEGÚN la doctrina de la Trinidad, el espíritu santo es la tercera persona de una Deidad, igual al Padre y al Hijo. Como dice el libro Our Orthodox Christian Faith: “El Espíritu Santo es totalmente Dios”.
    En las Escrituras Hebreas la palabra que más se usa para “espíritu” es rú‧aj, que significa “aliento; viento; espíritu”. En las Escrituras Griegas se usa la palabra pnéu‧ma, de significado similar. ¿Indican esas palabras que el espíritu santo sea parte de una Trinidad?

    Una fuerza activa


    EN LA Biblia, el uso de la expresión “espíritu santo” indica que es una fuerza controlada que Jehová Dios usa para llevar a cabo diversos propósitos. Hasta cierto grado puede compararse con la electricidad, una fuerza que puede emplearse para una gran variedad de funciones.

    En Génesis 1:2 la Biblia declara que “la fuerza activa [“espíritu” (hebreo: rú‧aj)] de Dios se movía de un lado a otro sobre la superficie de las aguas”. Aquí el espíritu de Dios era su fuerza activa obrando para dar forma a la Tierra.
    Dios usa su espíritu para iluminar a los que le sirven. David oró: “Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. Tu espíritu [rú‧aj] es bueno; que me guíe en la tierra de la rectitud”. (Salmo 143:10.) Cuando se nombró a 70 hombres capacitados para que ayudaran a Moisés, Dios dijo a este siervo suyo: “Tendré que quitar parte del espíritu [rú‧aj] que está sobre ti y colocarlo sobre ellos”. (Números 11:17.)

    La profecía bíblica se puso por escrito cuando hombres de Dios fueron “llevados por espíritu [griego: de pnéu‧ma] santo”. (2 Pedro 1:20, 21.) De modo que la Biblia fue “inspirada de Dios”, una frase que en griego se expresa por la palabra The‧ó‧pneu‧stos, que significa “insuflada por Dios”. (2 Timoteo 3:16.) Guiadas por espíritu santo, también ciertas personas tuvieron visiones o sueños proféticos. (2 Samuel 23:2; Joel 2:28, 29; Lucas 1:67; Hechos 1:16; 2:32, 33.)

    El espíritu santo impelió a Jesús a ir al desierto después de su bautismo. (Marcos 1:12.) El espíritu resultó ser como un fuego dentro de los siervos de Dios, y les dio vigor. Además, los capacitó para hablar con denuedo y valor. (Miqueas 3:8; Hechos 7:55-60; 18:25; Romanos 12:11; 1 Tesalonicenses 5:19.)

    Mediante su espíritu, Dios juzgará a hombres y naciones. (Isaías 30:27, 28; 59:18, 19.) Y el espíritu de Dios puede llegar a todo lugar, y obrar a favor de la gente o contra ella. (Salmo 139:7-12.)

    ‘Poder más allá de lo normal’

    EL ESPÍRITU de Dios puede, además, suministrar “poder que es más allá de lo normal” a los que sirven a Dios. (2 Corintios 4:7.) Esto les permite aguantar experiencias que los someten a prueba en cuanto a su fe, así como hacer cosas que de otro modo no podrían hacer.

    Por ejemplo, en cuanto a Sansón, Jueces 14:6 relata: “El espíritu de Yahvéh le invadió, y Sansón sin tener nada en la mano despedazó al león como se despedaza un cabrito” (BJ). ¿Entró o de hecho se apoderó de Sansón una persona divina, y se valió de su cuerpo para hacer lo que hizo? No; como lo dice una versión en inglés, fue realmente “el poder del SEÑOR [lo que] hizo fuerte a Sansón” (Today’s English Version).

    La Biblia dice que, al bautizarse Jesús, espíritu santo descendió sobre él bajo la apariencia de una paloma, no como forma humana. (Marcos 1:10.) Esta fuerza activa de Dios le permitió a Jesús curar enfermos y levantar muertos. Como dice Lucas 5:17: “El poder del Señor [Dios] le hacía [a Jesús] obrar curaciones” (BJ).

    El espíritu de Dios también dio a los discípulos de Jesús facultad para hacer cosas milagrosas. Hechos 2:1-4 relata que los discípulos estaban reunidos en el Pentecostés cuando “de repente ocurrió desde el cielo un ruido exactamente como el de una brisa impetuosa y fuerte, [...] y todos se llenaron de espíritu santo y comenzaron a hablar en lenguas diferentes, así como el espíritu les concedía expresarse”.

    De modo que el espíritu santo dio a Jesús y a otros siervos de Dios poder para hacer lo que ordinariamente los seres humanos no podrían hacer.

    No es una persona

    SIN embargo, ¿acaso no hay versículos bíblicos en que se habla del espíritu santo como si fuera una persona? Sí, pero note lo que dice el teólogo católico Edmund Fortman sobre esto en The Triune God: “Aunque frecuentemente se describe este espíritu en términos personales, parece muy claro que los escritores sagrados [de las Escrituras Hebreas] nunca concibieron ni presentaron distintamente este espíritu como si fuera una persona”.

    No es rara la personificación de ciertas cosas en las Escrituras. Se dice que la sabiduría tiene hijos. (Lucas 7:35.) Se llama reyes al pecado y la muerte. (Romanos 5:14, 21.) En Génesis 4:7 dice: “Hay pecado agazapado a la entrada”, y se personifica al pecado como alguien que estuviera agazapado a la puerta de Caín. Pero, por supuesto, el pecado no es una persona; tampoco el personificar al espíritu santo lo hace una persona celestial.

    De modo similar, en 1 Juan 5:6-8 (VP) se dice que, no solo el espíritu, sino también “el agua y la sangre” son testigos. Sin embargo, es obvio que el agua y la sangre no son personas, como tampoco lo es el espíritu santo.

    Esto armoniza con el hecho de que en general la Biblia se refiere al “espíritu santo” de manera impersonal, como al compararlo con agua y fuego. (Mateo 3:11; Marcos 1:8.) Se insta a la gente a llenarse de espíritu santo y no de vino. (Efesios 5:18.) Se dice que la gente se llena de espíritu santo de la misma manera como se llena de cualidades como sabiduría, fe y gozo. (Hechos 6:3; 11:24; 13:52.) Y en 2 Corintios 6:6 se menciona el espíritu santo entre varias cualidades. Expresiones como esas no serían tan comunes si el espíritu santo fuera en realidad una persona.

    Además, aunque es cierto que algunos textos bíblicos dicen que el espíritu habla, otros muestran que esto en realidad se hizo mediante humanos o ángeles. (Mateo 10:19, 20; Hechos 4:24, 25; 28:25; Hebreos 2:2.) La acción del espíritu en esos casos se asemeja a la transmisión de mensajes por ondas de radio entre personas que se hallan a gran distancia.

    En Mateo 28:19 se hace referencia al “nombre [...] del espíritu santo”. Pero la palabra “nombre” no siempre se refiere a un nombre personal, ni en griego ni en español. Cuando decimos “en nombre de la ley”, no nos referimos a una persona. Más bien nos referimos a lo que la ley representa, su autoridad. El libro Word Pictures in the New Testament (Cuadros comunicados por palabras en el Nuevo Testamento), de Robertson, dice: “El uso de nombre (onoma) aquí es un uso común en la Septuaginta y en los papiros para referirse a poder o autoridad”. De modo que el bautismo ‘en el nombre del espíritu santo’ es en reconocimiento de la autoridad del espíritu, que viene de Dios y funciona por la voluntad divina.

    El “ayudante”

    JESÚS asemejó el espíritu santo a un “ayudante”, y dijo que este enseñaría, guiaría y hablaría. (Juan 14:16, 26; 16:13.) La palabra griega que él usó para ayudante (pa‧rá‧kle‧tos) es de género masculino. Por eso, al referirse a lo que el ayudante haría Jesús usó pronombres personales masculinos. (Juan 16:7, 8.) Por otra parte, cuando se usa la palabra griega neutra para espíritu (pnéu‧ma), apropiadamente se usa el pronombre neutro “ello”.

    La mayoría de los traductores trinitarios ocultan ese hecho, como admite la versión católica en inglés New American Bible en cuanto a Juan 14:17: “La palabra griega para ‘espíritu’ es neutra, y aunque [en esta traducción] usamos pronombres personales en inglés (‘he’ [él], ‘his’ [de él], ‘him’ [(a) él]), la mayoría de los mss. [manuscritos] griegos utilizan ‘it’ [ello]”.
    Por eso, cuando la Biblia usa pronombres personales masculinos con la palabra pa‧rá‧kle‧tos en Juan 16:7, 8, está conformándose a reglas gramaticales, y no expresando una doctrina.

    No es parte de una Trinidad

    VARIAS fuentes reconocen que la Biblia no apoya la idea de que el espíritu santo sea la tercera persona de una Trinidad. Por ejemplo:

    The Catholic Encyclopedia: “El Antiguo Testamento no contiene ninguna indicación clara de una Tercera Persona”.
    El teólogo católico Fortman: “Para los judíos el espíritu nunca fue persona; tampoco hay prueba sólida de que algún escritor del Antiguo Testamento tuviera ese punto de vista. [...] En los [Evangelios] sinópticos y en Hechos el Espíritu Santo por lo general se presenta como una fuerza o poder divino”.

    La New Catholic Encyclopedia: “Está claro que en el A[ntiguo] T[estamento] no se visualiza al espíritu de Dios como una persona [...] El espíritu de Dios es sencillamente el poder de Dios. Si a veces se lo presenta como distinto de Dios, es porque el aliento de Yahvéh obra exteriormente”. También dice: “La mayoría de los textos del N[uevo] T[estamento] revelan que el espíritu de Dios es algo, no alguien; esto se ve especialmente en el paralelismo entre el espíritu y el poder de Dios” (cursiva nuestra).

    A Catholic Dictionary: “En general, tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo hablan del espíritu como de energía o poder divino”.

    Por lo tanto, ni para los judíos ni para los cristianos era el espíritu santo parte de una Trinidad. Esa enseñanza se adoptó siglos después. Como señala A Catholic Dictionary: “La tercera Persona fue confirmada en el Concilio de Alejandría en 362 [...] y aceptada finalmente por el Concilio de Constantinopla en 381”... ¡unos tres siglos y medio después que los discípulos se llenaron de espíritu santo en el Pentecostés!

    No, el espíritu santo no es una persona ni es parte de una Trinidad. El espíritu santo es la fuerza activa de Dios que él usa para efectuar su voluntad. No es igual a Dios, sino que siempre está a su disposición y en subordinación a él.

    [Comentario en la página 22]

    “En general, tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo hablan del espíritu como de energía o poder divino.”—A Catholic Dictionary

    [Ilustraciones en la página 21]

    En una ocasión el espíritu santo apareció en forma de paloma. En otra ocasión se presentó como lenguas de fuego... pero nunca como persona
    Última edición por Davidmor; 23/11/2011 a las 19:04
    Hechos 18:6

  2. #2
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    Talking ¿Qué hay de los textos que se usan en prueba de la Trinidad?

    SE DICE que en algunos textos bíblicos se encuentra prueba en apoyo de la Trinidad. No obstante, al leer esos textos debemos tener presente que la evidencia bíblica e histórica no apoya la Trinidad.

    Cualquier remisión a la Biblia como prueba tiene que entenderse teniendo como contexto lo que toda la Biblia enseña consecuentemente. Con mucha frecuencia los versículos circundantes, que dan el contexto, aclaran el verdadero significado del texto bíblico en cuestión.

    Tres en uno

    EN LA New Catholic Encyclopedia se presentan tres de esos textos bíblicos, “textos de prueba”, para apoyar la Trinidad, pero también se admite lo siguiente: “La doctrina de la Santísima Trinidad no se enseña en el A[ntiguo] T[estamento]. En el N[uevo] T[estamento] la prueba más antigua está en las epístolas paulinas, especialmente en 2 Cor 13:13 [versículo 14 en algunas Biblias] y en 1 Cor 12:4-6. En los Evangelios, la prueba de la Trinidad se encuentra explícitamente solo en la fórmula bautismal de Mat 28:19”.

    En esos versículos las tres “personas” se enumeran como sigue en la Biblia de Jerusalén. Segunda a los Corintios 13:13 (14) reúne a las tres de este modo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Primera a los Corintios 12:4-6 dice: “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo el Dios que obra todo en todos”. Y Mateo 28:19 dice: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

    ¿Dicen esos versículos que Dios, Cristo y el espíritu santo constituyan una Deidad trinitaria, que los tres sean iguales en sustancia, poder y eternidad? No; no dicen eso, tal como el enumerar a tres personas, como Pepe, Pancho y Antonio, no significa que sean tres en uno.

    La Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, de McClintock y Strong, admite que esa clase de referencia “solo prueba que se menciona a tres entidades, [...] pero no prueba, por sí misma, que las tres pertenezcan necesariamente a la naturaleza divina ni que posean igual honra divina”.

    Aunque esa fuente es trinitaria, dice de 2 Corintios 13:13 (14): “No podríamos deducir con razón que tuvieran igual autoridad ni la misma naturaleza”. Y de Mateo 28:18-20 dice: “Sin embargo, este texto, tomado por sí mismo, no probaría decisivamente ni la
    personalidad de las tres entidades mencionadas ni su igualdad ni divinidad”.

    También se mencionó a Dios, Jesús y el espíritu santo en el mismo contexto en la ocasión del bautismo de Jesús. Este “vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre él”. (Mateo 3:16.) Con todo, ahí no dice que los tres sean uno. Muchas veces se menciona juntos a Abrahán, Isaac y Jacob, pero eso no los hace uno. Aparecen juntos los nombres de Pedro, Santiago y Juan, pero eso no los hace uno tampoco. Además, puesto que el espíritu de Dios descendió sobre Jesús en su bautismo, eso muestra que Jesús no tuvo el espíritu sino hasta ese momento. Puesto que así fue, ¿cómo pudiera haber sido Jesús parte de una Trinidad en la cual él siempre hubiera sido uno con el espíritu santo?

    Otra referencia que menciona a los tres juntos está en algunas traducciones antiguas de la Biblia en 1 Juan 5:7. No obstante, los eruditos reconocen que esas palabras no estaban originalmente en la Biblia, sino que fueron añadidas mucho tiempo después. Correctamente, la mayoría de las traducciones modernas omiten ese versículo espurio.

    Otros textos bíblicos que se dan como prueba tratan solo de la relación entre dos: el Padre y Jesús. Consideremos algunos de estos.

    “Yo y el Padre somos uno”

    ESE texto, en Juan 10:30, suele citarse como apoyo para la Trinidad, aunque en él no se menciona a una tercera persona. Pero Jesús mismo mostró lo que quería decir con que él y el Padre fueran “uno”. Según Juan 17:21, 22, oró a Dios para que sus discípulos “todos ellos sean uno, así como tú, Padre, estás en unión conmigo y yo estoy en unión contigo, que ellos también estén en unión con nosotros, [...] que ellos sean uno así como nosotros somos uno”. ¿Estaba Jesús orando para que todos sus discípulos llegaran a ser una sola entidad? No; obviamente Jesús oraba para que estuvieran unidos en pensamiento y propósito, como lo estaban él y Dios. (Véase también 1 Corintios 1:10.)

    En 1 Corintios 3:6, 8 Pablo dice: “Yo planté, Apolos regó [...] El que planta y el que riega uno son”. Pablo no quiso decir que él y Apolos fueran dos personas en un solo ser; quiso decir que estaban unidos en propósito. La palabra griega que Pablo usó ahí para “uno” (hen) es neutra, y literalmente se puede traducir “una (cosa)”, lo que indica unidad en cooperación. Es la misma palabra que usó Jesús en Juan 10:30 para describir su relación con el Padre. También es la misma palabra que Jesús empleó en Juan 17:21, 22. Por eso, cuando usó la palabra “uno” (hen) en estos casos, hablaba sobre unidad de pensamiento y propósito.

    Respecto a Juan 10:30, Juan Calvino (quien era trinitario) dijo en su Comentario sobre el Evangelio según Juan: “Los antiguos dieron mal uso a este pasaje cuando quisieron probar con él que Cristo es [...] de la misma esencia que el Padre. Pues Cristo no arguye sobre la unidad de la sustancia, sino sobre la conformidad de él con el Padre”.

    En el mismo contexto de los versículos que siguen a Juan 10:30 Jesús afirmó vigorosamente que con sus palabras no alegaba ser Dios. Preguntó lo siguiente a los judíos que equivocadamente habían llegado a aquella conclusión y querían apedrearlo: “¿Por qué me acusan de blasfemia a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, si digo que soy Hijo de Dios?”. (Juan 10:31-36, NBE.) No; Jesús no afirmó que fuera Dios Hijo, sino el Hijo de Dios.

    “Haciéndose igual a Dios”

    OTRO texto bíblico que se da como apoyo para la Trinidad es Juan 5:18. Este dice que los judíos (como en Juan 10:31-36) querían matar a Jesús porque “también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios”.

    Pero ¿quién dijo que Jesús estaba haciéndose igual a Dios? No fue Jesús. Él se defendió de aquella acusación falsa en el mismísimo versículo siguiente (19): “Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: ‘[...] el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre’” (BJ).

    Al decir eso, Jesús mostró a los judíos que no era igual a Dios y, por lo tanto, no podía obrar por su propia iniciativa. ¿Podemos imaginarnos que alguien que fuera igual al Dios Todopoderoso dijera que ‘no podía hacer nada por su cuenta’? (Compárese con Daniel 4:34, 35.) Es interesante que el contexto de Juan 5:18 y 10:30 muestra que Jesús se defendió de acusaciones falsas de judíos que, como los trinitarios, ¡habían llegado a conclusiones equivocadas!

    ¿“Igual a Dios”?

    EN FILIPENSES 2:6 la versión católica Scío de San Miguel [Scío] dice de Jesús: “Que siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación el ser él igual a Dios”. La Versión Reina-Valera de 1904 dice: “El cual siendo en forma de Dios, no tuvo por rapiña ser igual a Dios”. Algunos todavía usan versiones que presentan lecturas semejantes para apoyar la idea de que Jesús era igual a Dios.

    Pero note cómo vierten otras traducciones ese versículo:
    1869: “quien, estando en la forma de Dios, no consideró como para procurarse ávidamente el estar en igualdad con Dios” (The New Testament, por G. R. Noyes).

    1965: “Él —¡en verdad de naturaleza divina!— nunca desplegó confianza en sí mismo haciéndose igual a Dios” (Das Neue Testament, edición revisada, por Friedrich Pfäfflin).

    1968: “quien, aunque estaba en la forma de Dios, no consideró que debería hacer suyo ávidamente el ser igual a Dios” (La Bibbia Concordata).

    1972: “quien, a pesar de tener la forma de Dios, no reputó como botín (codiciable) ser igual a Dios” (Versión Nácar-Colunga).

    1976: “Él siempre tuvo la naturaleza de Dios, pero no pensó que por fuerza debería tratar de llegar a ser igual a Dios” (Today’s English Version).

    1985: “Quien, estando en la forma de Dios, no consideró la igualdad con Dios algo que debería asir ávidamente” (The New Jerusalem Bible).

    1987: “quien, aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios” (Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras).

    Sin embargo, algunos alegan que aun estas versiones más exactas dan a entender que 1) Jesús ya tenía igualdad, pero no quería retenerla, o que 2) no tenía que asirse ávidamente de la igualdad porque ya la tenía.

    A este respecto, Ralph Martin, en The Epistle of Paul to the Philippians (La epístola de Pablo a los Filipenses), dice sobre el griego original: “Sin embargo, es cuestionable el que el sentido del verbo pueda deslizarse de su verdadero significado de ‘apoderarse de’, ‘arrebatar violentamente’ al de ‘tener firmemente asido’”. The Expositor’s Greek Testament (El Testamento Griego del expositor) dice también: “No podemos hallar ningún pasaje en que ἁρπάζω [har‧pá‧zo] o alguna derivación suya tenga el sentido de ‘tener en posesión’ o ‘retener’. Parece que significa invariablemente ‘apoderarse de’, ‘arrebatar violentamente’. Por eso, no es permisible deslizarse del verdadero sentido de ‘asir ávidamente’ a uno que es totalmente diferente: ‘tener firmemente asido’”.

    Por lo anterior es patente que los traductores de versiones como la Scío y la Valera doblan las reglas para apoyar fines trinitarios. Lejos de decir que Jesús pensó que era apropiado ser igual a Dios, lo que dice en griego en Filipenses 2:6, cuando se lee objetivamente, muestra precisamente lo contrario, que Jesús no pensó que fuera apropiado.

    El contexto de los versículos circundantes (3-5, 7, 8, Scío) aclara cómo debe entenderse el versículo 6. A los Filipenses se les aconsejó: “Humildad, teniendo cada uno por superiores á los otros”. Entonces Pablo emplea a Cristo como el ejemplo sobresaliente de esta actitud: “Y el mismo sentimiento haya en vosotros, que hubo también en Jesucristo”. ¿Qué “sentimiento”? ¿El de ‘no tener por usurpación ser igual a Dios’? No, ¡eso sería precisamente lo contrario del punto que se comunica! Más bien, Jesús, quien ‘tuvo a Dios como su superior’, nunca ‘asiría ávidamente la igualdad con Dios’; en vez de eso, “se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte”.

    Sin duda, eso no puede estar refiriéndose a ninguna parte del Dios Todopoderoso. Se refería a Jesucristo, quien sirvió perfectamente para ilustrar el punto de Pablo aquí, a saber, la importancia de la humildad y de desplegar obediencia al Superior y Creador de uno, Jehová Dios.

    “Yo soy”

    EN JUAN 8:58 algunas traducciones (por ejemplo, la Biblia de Jerusalén) presentan a Jesús diciendo: “Antes que naciese Abraham, Yo Soy”. En aquella ocasión, ¿estaba Jesús enseñando, como sostienen los trinitarios, que a él se le conocía por el título “Yo Soy”? Y, según alegan ellos, ¿significa eso que él era el Jehová de las Escrituras Hebreas, puesto que en Éxodo 3:14 la Biblia de Jerusalén dice: “Dijo Dios a Moisés: ‘Yo soy el que soy’”?

    En Éxodo 3:14 (BJ) la frase “Yo soy” se da como título a Dios para indicar que él en realidad existía y haría lo que prometía. The Pentateuch and Haftorahs, publicado por el doctor J. H. Hertz, dice acerca de esa frase: “Para los israelitas en cautiverio, el significado sería: ‘Aunque Él no ha desplegado todavía Su poder para con ustedes, lo hará; Él es eterno y ciertamente los redimirá’. La mayoría de los modernos siguen a Rashi [comentarista francés de la Biblia y el Talmud] al verter [Éxodo 3:14] ‘Seré lo que seré’”.

    La expresión de Juan 8:58 es muy diferente de la que se usa en Éxodo 3:14. Jesús no la usó como nombre ni título, sino como medio de explicar la existencia que tuvo antes de ser humano. Por consiguiente, note cómo vierten Juan 8:58 otras versiones de la Biblia:

    1925: “antes que Abraham fuera criado, yo existo” (Sagrada Biblia, Félix Torres Amat).

    1972: “Antes de que Abraham naciese, era yo” (Sagrada Biblia, E. Nácar Fuster y A. Colunga).

    1978: “antes que Abraham naciese, ya existía yo” (Nuevo Testamento, Felipe de Fuenterrabía).

    1979: “yo existo desde antes que existiera Abraham” (Dios habla hoy, Versión Popular).

    1980: “Antes que Abraham existiera, yo existo” (Sagrada Biblia, Pedro Franquesa y José M. Solé).

    1987: “Antes que Abrahán llegara a existir, yo he sido” (Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras).

    Así pues, la verdadera idea de la expresión griega usada en este pasaje es que el “primogénito” (Jesús) creado por Dios había existido mucho antes de que naciera Abrahán. (Colosenses 1:15; Proverbios 8:22, 23, 30; Revelación 3:14.)

    De nuevo, el contexto muestra que este es el modo correcto de entender lo que se dijo. Esta vez los judíos quisieron apedrear a Jesús por afirmar que ‘había visto a Abrahán’ aunque, como dijeron, él todavía no tenía 50 años de edad. (Versículo 57.) La respuesta natural de Jesús fue decir la verdad sobre su edad. Así que naturalmente les dijo que ‘existía desde antes que existiera Abraham’ (Versión Popular).
    Última edición por Davidmor; 23/11/2011 a las 19:09
    Hechos 18:6

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    Red face Re: ¿Qué hay de los textos que se usan en prueba de la Trinidad?

    “La Palabra era Dios”

    EN JUAN 1:1 la Biblia de Jerusalén dice: “En el principio la Palabra existía y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios”. Los trinitarios alegan que eso significa que “la Palabra” (griego: ho ló‧gos), quien vino a la Tierra como Jesucristo, era el Dios Todopoderoso mismo.

    Sin embargo, note que una vez más el contexto nos da la base para entender con exactitud el pensamiento. Observe que se dice: “La Palabra estaba con Dios” (cursiva nuestra). El que está “con” otro no puede ser ese otro. En conformidad con eso, Journal of Biblical Literature (Revista de literatura bíblica), una publicación del jesuita Joseph A. Fitzmyer, señala que si se interpretara la parte posterior de Juan 1:1 como “el” Dios, esto “entonces contradiría la cláusula precedente”, la cual dice que la Palabra estaba con Dios.

    Note, también, cómo vierten otras traducciones, en varios idiomas, esta parte del versículo:

    1808: “y la palabra era un dios” (The New Testament in an Improved Version, Upon the Basis of Archbishop Newcome’s New Translation: With a Corrected Text).

    1864: “y un dios era la Palabra” (The Emphatic Diaglott, lectura interlineal, por Benjamin Wilson).

    1928: “y la Palabra era un ser divino” (La Bible du Centenaire, L’Evangile selon Jean, por Maurice Goguel).

    1935: “y la Palabra era divino” (The Bible—An American Translation, por J. M. P. Smith y E. J. Goodspeed).

    1946: “y de género divino era la Palabra” (Das Neue Testament, por Ludwig Thimme).

    1958: “y la Palabra era un Dios” (The New Testament, por James L. Tomanek).

    1963: “y la Palabra era un dios” (Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas).

    1975: “y un dios (o: de género divino) era la Palabra” (Das Evangelium nach Johannes, por Siegfried Schulz).

    1978: “y de género parecido a Dios era el Logos” (Das Evangelium nach Johannes, por Johannes Schneider).

    En Juan 1:1 aparece dos veces el sustantivo griego the‧ós (dios). La primera vez que aparece se refiere al Dios Todopoderoso, con quien estaba la Palabra (“y la Palabra [ló‧gos] estaba con Dios [una forma de the‧ós]”). Este primer the‧ós está precedido por la palabra ton (el), una forma del artículo definido griego que señala a alguien claramente identificado, en este caso el Dios Todopoderoso (“y la Palabra estaba con [el] Dios”).

    Por otra parte, no hay artículo delante del segundo the‧ós en Juan 1:1. Eso haría que una traducción literal dijera: “y dios era la Palabra”. Sin embargo, hemos visto que varias traducciones vierten “divino”, “parecido a Dios” o “un dios” este segundo the‧ós (un complemento predicativo). ¿Qué autoridad tienen para eso?

    El lenguaje griego koiné tenía artículo definido (como en español tenemos “el”, “la”, y sus plurales), pero no tenía artículo indefinido (como “un”, “una” y sus plurales). Por eso, cuando un complemento predicativo no está precedido por el artículo definido, puede ser indefinido, dependiendo del contexto.

    Journal of Biblical Literature dice que las expresiones “en las cuales un predicado sin artículo precede al verbo son principalmente de significado cualitativo”. Como señala esa publicación, esto indica que el ló‧gos puede ser asemejado a un dios. También dice de Juan 1:1: “La fuerza cualitativa del predicado es tan prominente que no puede considerarse definido el sustantivo [the‧ós]”.

    Esto quiere decir que Juan 1:1 destaca la cualidad de la Palabra, que era “divino”, “parecido a Dios”, “un dios”, pero no el Dios Todopoderoso. Esto está en armonía con el resto de la Biblia, que muestra que Jesús, llamado en este pasaje “la Palabra” por su papel de Vocero de Dios, era un subordinado obediente que fue enviado a la Tierra
    por su Superior, el Dios Todopoderoso.

    Hay muchos otros versículos bíblicos donde traductores al español insertan el artículo indefinido “un” cuando traducen oraciones griegas con esa misma estructura, aunque en español no siempre es necesario, pues en muchos casos se transmite el mismo sentido con simplemente omitir el artículo definido. Por ejemplo, en Marcos 6:49, cuando los discípulos vieron que Jesús andaba sobre el agua, la Biblia de Jerusalén dice: “Creyeron que era un fantasma”. En el griego koiné no hay ningún “un” delante de “fantasma”. Pero casi todas las traducciones añaden el artículo indefinido “un”. De la misma manera, Juan 1:1 muestra que la Palabra no era “Dios”, sino “un dios” o “divino”.

    Joseph Henry Thayer, teólogo y erudito que trabajó en la producción de la versión en inglés American Standard Version, declaró sencillamente: “El Logos era divino, no el Ser divino mismo”. Y el jesuita John L. McKenzie escribió en su Dictionary of the Bible: “Rigurosamente, Jn 1:1 debe traducirse [...] ‘la palabra era un ser divino’”.

    ¿Se viola una regla?

    NO OBSTANTE, algunos afirman que esas traducciones violan una regla gramatical del griego koiné publicada por el helenista E. C. Colwell allá en 1933. Él sostuvo que en griego un complemento predicativo “tiene el artículo [definido] cuando sigue al verbo; no tiene el artículo [definido] cuando precede al verbo”. Con eso quería decir que un complemento predicativo que precede al verbo debe entenderse como si en verdad tuviera delante el artículo definido (“el” o “la” y sus plurales). En Juan 1:1, el segundo sustantivo (the‧ós), el complemento predicativo, precede al verbo: “y [the‧ós] era la Palabra”. Por eso, alegó Colwell, Juan 1:1 debe significar “y [el] Dios era la Palabra”.

    Pero considere solo dos ejemplos que se hallan en Juan 8:44. En ese pasaje leemos en algunas versiones en español que Jesús dijo que el Diablo era “un homicida” y “un mentiroso”. Tal como en Juan 1:1, aquí en el texto griego los complementos predicativos (“homicida” y “mentiroso”) preceden a los verbos. No hay ningún artículo indefinido precediendo a ninguno de estos complementos predicativos porque en el griego koiné no hay artículo indefinido. Pero algunas traducciones al español insertan la palabra “un” por lo que ven que piden la gramática griega y el contexto. (Véanse también Marcos 11:32; Juan 4:19; 6:70; 9:17; 10:1; 12:6 en diversas versiones.)
    Colwell tuvo que reconocer esto con relación al complemento predicativo, pues dijo: “Es indefinido [pudiera ser acompañado por “un” o “una” y sus plurales] en esta posición solo cuando el contexto lo exige”. Así que hasta él admite que cuando el contexto lo exige los traductores pueden insertar un artículo indefinido delante del complemento predicativo en este tipo de estructura oracional.

    ¿Exige el contexto un artículo indefinido en Juan 1:1? Sí, porque lo que toda la Biblia atestigua es que Jesús no es el Dios Todopoderoso. Por lo tanto, lo que debe guiar al traductor en casos de esta índole no es la controvertible regla de gramática de Colwell, sino el contexto. Y es patente, por las muchas traducciones en diversos idiomas que insertan el artículo indefinido “un” en Juan 1:1 y en otros lugares, que muchos eruditos no concuerdan con una regla tan artificial; y tampoco lo hace la Palabra de Dios.

    No hay ningún conflicto

    ¿ESTÁ en conflicto con la enseñanza bíblica de que hay un solo Dios el decir que Jesucristo es “un dios”? No, porque a veces la Biblia emplea el término “dios” para referirse a criaturas poderosas. Salmo 8:5 dice: “También procediste a hacerlo [al hombre] un poco menor que los que tienen parecido a Dios [hebreo: ʼelo‧hím]”, es decir, los ángeles. En la defensa de Jesús contra la acusación de los judíos de que él afirmaba ser Dios, él señaló que “[la Ley] llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios”, es decir, a jueces humanos. (Juan 10:34, 35, BJ; Salmo 82:1-6.) Hasta a Satanás se le llama “el dios de este sistema de cosas” en 2 Corintios 4:4.

    Jesús ocupa una posición mucho más elevada que la de los ángeles, los hombres imperfectos o Satanás. Puesto que se alude a estos como “dioses”, poderosos, de seguro Jesús puede ser y era “un dios”. Por su posición singular con relación a Jehová, Jesús es un “Dios Poderoso”. (Juan 1:1; Isaías 9:6.)
    Pero ¿no indica la expresión “Dios Poderoso”, con letras mayúsculas, que Jesús de alguna manera es igual a Jehová Dios? De ningún modo. Isaías simplemente profetizó que ese sería uno de cuatro nombres que se darían a Jesús, y en español estos nombres suelen escribirse con mayúscula. Con todo, aunque a Jesús se le llamó “Poderoso”, solo puede haber uno que sea “Todopoderoso”. Carecería de importancia llamar “Todopoderoso” a Jehová Dios si no existieran otros a quienes también se llamara dioses, pero que ocuparan una posición subalterna o inferior.

    El Bulletin of the John Rylands Library, de Inglaterra, indica que, según el teólogo católico Karl Rahner, aunque the‧ós se usa en textos bíblicos como Juan 1:1 con referencia a Cristo, “en ninguno de esos casos se usa ‘theos’ de tal manera que identifique a Jesús con aquel que en otros lugares del Nuevo Testamento aparece como ‘ho Theos’, es decir, el Dios Supremo”. Y el Bulletin añade: “Si los escritores del Nuevo Testamento creían vital que los fieles confesaran a Jesús como ‘Dios’, ¿se puede explicar el que en el Nuevo Testamento haya una ausencia casi completa de precisamente esa forma de confesión?”.

    Pero ¿qué se puede decir de que el apóstol Tomás dijera a Jesús: “¡Mi Señor y mi Dios!”, en Juan 20:28? Para Tomás, Jesús era como “un dios”, especialmente en las circunstancias milagrosas que impulsaron a Tomás a expresarse como lo hizo. Algunos eruditos sugieren que es posible que Tomás sencillamente saliera con una exclamación emocional de asombro, hablada a Jesús, pero dirigida a Dios. Fuera una cosa o la otra, Tomás no pensaba que Jesús fuera el Dios Todopoderoso, porque él y los demás apóstoles sabían que Jesús nunca había afirmado ser Dios, sino que enseñó que solo Jehová es “el único Dios verdadero”. (Juan 17:3.)

    De nuevo, el contexto nos ayuda a entender esto. Pocos días antes, Jesús ya resucitado había dicho a María Magdalena que dijera a los discípulos: “Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes”. (Juan 20:17.) Aunque Jesús ya había sido resucitado en la condición de espíritu poderoso, Jehová todavía era su Dios. Y Jesús siguió refiriéndose a Él como tal hasta en el último libro de la Biblia, después de su glorificación. (Revelación 1:5, 6; 3:2, 12.)

    Solo tres versículos después de la exclamación de Tomás, en Juan 20:31, la Biblia aclara más este asunto al declarar: “Estas han sido escritas para que ustedes crean que Jesús es el Cristo el Hijo de Dios”, no que fuera el Dios Todopoderoso. Y en este texto se quiso decir “Hijo” en sentido literal, como cuando se habla de un padre natural y su hijo, no como si Jesús fuera alguna parte misteriosa de una Deidad trinitaria.

    Tienen que concordar con la Biblia

    SE ALEGA que varios otros textos bíblicos apoyan la Trinidad. Pero estos son similares a los que ya hemos considerado, porque, cuando se examinan cuidadosamente, no ofrecen verdadero apoyo a tal enseñanza. Esos textos solo ilustran que cuando uno considera algún supuesto apoyo para la Trinidad tiene que preguntarse: ¿Armoniza la interpretación que se presenta con lo que toda la Biblia enseña consecuentemente: que solo Jehová Dios es Supremo? Si no es así, entonces esa interpretación tiene que ser errónea.

    También tenemos que tener presente que no hay siquiera un “texto de prueba” que diga que Dios, Jesús y el espíritu santo son uno en alguna misteriosa Deidad. Ningún texto bíblico de ninguna parte de la Biblia dice que los tres sean lo mismo en sustancia, poder y eternidad. La Biblia revela consecuentemente al Dios Todopoderoso, Jehová, como el único que es Supremo, a Jesús como su Hijo creado, y al espíritu santo como la fuerza activa de Dios.

    [Comentario en la página 24]

    “Los antiguos dieron mal uso a [Juan 10:30] cuando quisieron probar con él que Cristo es [...] de la misma esencia que el Padre.”—Comentario sobre el Evangelio según Juan, por Juan Calvino

    [Comentario en la página 27]

    El que está “con” otro no puede ser también ese otro

    [Comentario en la página 28]

    “El Logos era divino, no el Ser divino mismo.”—Joseph Henry Thayer, escriturario

    [Ilustraciones en las páginas 24 y 25]

    Jesús oró a Dios que todos sus discípulos ‘fueran uno’, tal como él y su Padre ‘son uno’

    [Ilustración en la página 26]

    Jesús mostró a los judíos que él no era igual a Dios, pues dijo que ‘no podía hacer nada por su cuenta, sino lo que veía hacer al Padre’

    [Ilustraciones en la página 29]

    Puesto que la Biblia llama a humanos, ángeles y hasta a Satanás “dioses” o poderosos, es apropiado llamar “un dios” a Jesús, quien es superior a ellos en el cielo
    Última edición por Davidmor; 23/11/2011 a las 19:33
    Hechos 18:6

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