En la primavera del año 33 E.C., Jesucristo dijo a sus discípulos: “Cuando alcancen a ver la cosa repugnante que causa desolación, como se habló de ella por medio de Daniel el profeta, de pie en un lugar santo […], entonces los que estén en Judea echen a huir a las montañas” (Mateo 24:15, 16). Citando de Daniel 11:31, advirtió a sus seguidores que en un futuro llegaría una ‘cosa repugnante que causaría desolación’. Esta profecía relativa al rey del norte se dio unos ciento noventa y cinco años después de la muerte de Antíoco IV, el último rey sirio que desempeño ese papel. Es evidente, pues, que otra entidad gobernante habría de encarnar al rey del norte. ¿Qué gobernación sería esa?
El ángel de Jehová Dios predijo: “Tiene que ponerse de pie en la posición suya [la de Antíoco IV] uno que esté haciendo que un exactor pase por el reino espléndido, y en unos cuantos días será quebrantado, pero no en cólera ni en guerra” (Daniel 11:20). El que ‘se puso de pie’ de esa manera resultó ser el primer emperador romano, Octavio, conocido por el nombre de César Augusto.
“El reino espléndido” de Augusto incluía “la tierra de la Decoración”, es decir, la provincia romana de Judea (Daniel 11:16). En el año 2 a.E.C., Augusto envió “un exactor” al ordenar un censo, probablemente con el objetivo de determinar la cantidad de habitantes a efectos de tributación y reclutamiento. Ese decreto hizo que, tal como estaba predicho, Jesús naciera en Belén, pues José y María viajaron a esa localidad para empadronarse (Miqueas 5:2; Mateo 2:1-12). En agosto del año 14 E.C. –al cabo de “unos cuantos días”, esto es, no mucho después de promulgar el edicto– Augusto murió a los 76 años de edad. No pereció “en cólera” (víctima de manos asesinas) ni “en guerra”, sino a consecuencia de una enfermedad. Obviamente, el rey del norte había cambado de identidad para convertirse en el Imperio romano, en la persona de sus emperadores.

Citar
en la historia de Israel. Ese libro pseudoepigráfico fue escrito por otros, y fue terminado en el tardío siglo - II, es decir, varios siglos después del siglo en que, supuestamente, vivió Daniel. Por lo tanto, de profético no tiene nada ...

Marcadores