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Tema: Valores, respeto y dignidad

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    Predeterminado Valores, respeto y dignidad

    El respeto auténtico surge de la adecuada valoración de los atributos que posee una persona. Hay veces en que el temor hace surgir un falso respeto, o una simulación del mismo. Mediante nuestra actitud, a través del lenguaje de las expresiones y de los gestos, transmitimos la valoración que asignamos a otra persona. De ahí que, en épocas de crisis, cuando los valores éticos elementales decaen, también se eleva la ausencia de respeto en todos los niveles de la sociedad.

    Si alguien se siente poco valorado, deberá tener presente que tal valoración dependerá de sus propios atributos, pero también dependerá de la capacidad de valorar de los demás. Así, hay gente que tiende a degradar a todo el mundo tratando, aparentemente, de sentirse en el lugar más alto, aunque en realidad lo rebaja a su misma altura. También existen personas que tratan de elevar a los demás hasta su propia altura. Wolfgang Goethe dijo: “Trata a la gente como si fuera lo que debería ser y la ayudarás a convertirse en lo que es capaz de ser”.

    Cuando sentimos que se nos falta el respeto, como señal de que somos muy poco valorados, se cuestionan nuestros valores promoviendo nuestro rápido alejamiento, tanto si somos merecedores del desprecio como si sólo se debe a una errónea valoración. Nos alejamos por orgullo o por dignidad.

    El que valora de sobremanera, exagerando lo bueno, es posible también que en otras circunstancias desvalorice de sobremanera, exagerando lo malo. La adulación en una circunstancia puede convertirse en desprecio en otras.

    A veces, los mensajes publicitarios, o la propaganda política, nos hacen sentir personas de poco valor. Sentimos que se falta el respeto a nuestra dignidad humana, y surge cierta actitud de rechazo. Nos sentimos peor aún cuando quienes nos faltan el respeto son alabados por la mayoría. Esto no sólo sucede con los políticos, sino también con filósofos y escritores que tuvieron nefastas influencias sobre la humanidad.

    Uno de los casos que pueden tomarse como ejemplo es el del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien degrada públicamente a todo lo que lo rodea. La duda es si esos pobres atributos son de los demás o son del propio Nietzsche. Sus adherentes filosóficos, que conocen muy bien su obra, necesariamente compartirán esa falta de respeto a la humanidad, llevando a la filosofía a un desprestigio ante la gente, ya que, pareciera, en filosofía “todo vale” y no hay límites éticos para quienes participan en ella.

    Recordemos que en la categoría psiquiátrica del “nietzscheanismo” aparecen juntos el deseo de elevarse de sobremanera como el de degradar a los demás. Henri Baruk expresó: “Colocándose entre los «amos» encargados de aplastar a una humanidad de esclavos, dan satisfacción a sus reacciones de compensación, de odio y de orgullo desmesurado”. Puede comprenderse mejor el pensamiento de Nietzsche a partir de su realidad psicológica.

    Veamos algunas partes del libro “El Anticristo”, del mencionado autor:

    “El hombre, ¿es un fin? El problema que planteo es este otro: ¿qué tipo de hombre se debe crear, se debe querer? ¿qué tipo tendrá más valor, será más digno de vivir?”.

    Nótese que se pregunta por el hombre “que se debe crear”. En lugar de estudiar al ser humano tratando de mejorar su condición, supone que es el propio ser humano el que debe sugerir e imponer una escala de valores determinada para “crear” un hombre nuevo, lo que para Nietzsche será el superhombre.

    “El cristianismo ha difundido deliberadamente el veneno de la doctrina de los derechos iguales para todos. Con esto, el cristianismo y los más bajos instintos que lo caracterizan, han declarado una guerra a muerte contra las normas de respeto que deben existir entre los hombres de diferente condición intelectual, y que son las que determinan la elevación, el progreso de la cultura; esto significa que se ha exacerbado el ánimo de la plebe contra nosotros, los aristócratas del pensamiento, hombres liberales y alegres por el saber, en cualquier parte del mundo en que nos hallemos”. “El cristianismo es un insulto que los que se arrastran por el lodo, dirigen contra el elevado”.

    Aquí expone la “desigualdad” esencial de los hombres, degradando de sobremanera al cristianismo y, también excesivamente, se ubica en la postura más elevada de la sociedad. Esta actitud la adopta respecto de otros escritores, de otros grupos sociales, ya que él se siente en la cima de la humanidad. Pocos se salvan de la difamación pública.

    “El ejemplo más lamentable de ello es Pascal, que creía en la perversión de su razón por efecto del pecado original, siendo así que lo que la había pervertido era precisamente el cristianismo”.

    “Al cristianismo le llaman sus secuaces, religión de misericordia”. “La misericordia estorba el cumplimiento de una ley de la evolución, como es la de la selección. Ampara lo que está maduro para desaparecer, interviene en favor de los desheredados y de los sentenciados de la vida”

    “Schopenhauer era un enemigo de la vida, por eso sostenía que la compasión era una virtud”.

    “Lo que un teólogo tiene por verdadero, tiene que ser falso; ésta es casi una verdad absoluta. Su bajo instinto de autoconservación le veda honrar la realidad y concederle la palabra sobre cualquier punto”.

    “Definición del protestantismo: el cristianismo paralítico de un lado….y la razón paralítica también. No hay más que pronunciar el nombre del Seminario de Tubinga para comprender lo que es la filosofía alemana: una filosofía de embuste”.

    “El concepto del mundo verdad y el concepto de la moral como esencia del mundo (los dos errores más dañinos que han existido), volvían a ser, si no demostrables, imposibles de refutar, gracias a un sutil escepticismo. La razón, el derecho a la razón, no tiene gran alcance. Se hizo de la realidad una apariencia, un mundo mentiroso, y la esencia se tornó realidad. El triunfo de Kant, al igual que Lutero y que Leibniz, no fue más que un freno para la integridad alemana, ya débil de por sí”.

    “Todavía he de decir dos palabras más contra Kant moralista. Una virtud ha de ser nuestra invención, nuestra defensa y nuestra necesidad personal; tomada en cualquier otro sentido, no es más que un peligro. Todo aquello que no sea una condición vital, es perjudicial para la vida; una virtud que existe sólo por efecto del sentimiento de respeto a la idea de la virtud, como quería Kant, es peligrosa. La virtud, el deber, el bien en sí, el bien con el carácter de impersonalidad, de regla general, no son otra cosa que utopías que expresan la degeneración, la debilitación última de la vida, las bufonadas de Koenisberg. Las leyes más profundas de la conservación y el crecimiento exigen lo contrario; que cada uno invente su virtud, su imperativo categórico. Un pueblo deja de existir como tal, cuando confunde su deber con el concepto general del deber”.

    “Esta es, en cierto modo, la receta para llegar a la decadencia, hasta la *******idad. Kant se volvió imbécil. ¡Y era contemporáneo de Goethe! ¡Y esa araña fue, y continúa siendo, considerada como el filósofo alemán por excelencia!”. “El instinto que se engaña en todas las cosas, el instinto contra la Naturaleza, la decadencia alemana ataviada con los austeros ropajes de filosofía: eso es Kant”.

    “En modo alguno debemos considerarnos de un nivel moral inferior; nosotros mismos, nosotros los espíritus libres, somos ya una transmutación de todos los valores, una verdadera declaración de guerra y una victoria sobre los viejos conceptos de lo verdadero y lo falso”.

    “En la religión de Buda, el egoísmo se convierte en un deber, es «lo único necesario». La manera en que desaira al dolor, regula y limita toda la dieta espiritual (recuérdese a aquel ateniense que declaró igualmente la guerra a la ciencia pura, a Sócrates, que en el plano de los problemas elevó el egoísmo personal a la altura de una virtud)”.

    “Y los filósofos secundaron a la Iglesia: la mentira del orden moral acompaña a la filosofía en sus diversas evoluciones hasta llegar a la filosofía moderna”.

    “He buscado en vano en el Evangelio un solo rasgo simpático. No hay allí nada que sea libre, bueno, franco, leal. La humanidad no ha dado aún su primer paso…faltan los instintos de limpieza”.

    “Confieso que los alemanes son mis enemigos; desprecio en ellos todas las bajezas de ideas y de valores, todas las cobardías frente a la probidad de cada sí y cada no. De mil años a esta parte, han embestido y han embrollado todo aquello en que han puesto la mano, y tienen sobre la conciencia todas las transacciones de que está enferma Europa. Tienen también sobre la conciencia la clase más sucia del cristianismo, la más incurable, la más afrentosa: el protestantismo. Si no se consigue acabar con el cristianismo, la culpa será de los alemanes”.

    “¡Y pensar que medimos el tiempo empezando a contar desde el día fatal en que empieza destino tan degradante: desde el primer día del cristianismo! ¿Por qué no ha de medirse a contar desde su último día? Desde hoy mismo por ejemplo…..¡Transmutación de todos los valores!” (De “El Anticristo” – Edicomunicación SA)

    Así como el adolescente a veces admira al conductor televisivo que se burla de todos y que, por ello, aparentemente, llega a la “cima de la sociedad”, posiblemente los admiradores de Nietzsche sientan algo similar, aunque, cuando se sube muy alto por este camino, al despertar, el golpe es grande.

    Los seguidores de un dictador argentino exclamaban con orgullo: “Criminal o ladrón, queremos a Perón”. En la actualidad, gran parte de la intelectualidad parece decir: “Marx y Nietzsche, perversos o malvados, seguimos a su lado”.
    "El universo entero ha sido sometido a un solo amo, a un solo rey supremo, al Dios todopoderoso que ha meditado y sancionado esta ley. Desconocerla es huirse a sí mismo, renegar de su naturaleza y por ello mismo padecer los castigos más crueles aunque escapara a los suplicios impuestos por los hombres" Marco Tulio Cicerón

  2. #2
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    Predeterminado Re: Valores, respeto y dignidad

    Parece que no quería a nadie el muchacho.....Juntó bronca para escribir el libro.

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