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Tema: Resurreccin de Jesucristo?....., ni soando.

  1. #1
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    Predeterminado Resurreccin de Jesucristo?....., ni soando.

    Resurreccin de Jesucristo?....., ni soando.

    Un hora despus de producirse la muerte no te puede salvar ni el mejor hospital de Houston.

    Al da siguiente de la muerte, el cadver ya huele mal.

    A los tres das de la muerte el cuerpo est en plena putrefaccin.

    A los tres das de muerto las clulas son un conjunto, una masa indiferenciada, sin conexin alguna y sin ninguna posibilidad de sobreviva.

    Las clulas del cerebro, las neuronas, con unos pocos minutos de falta de oxgeno y glucosa ya son irrecuperables.

    Por lo tanto, la afirmacin de la Biblia de que Jesucristo resucit a los tres das es una absoluta falsedad.

    La resurreccin a los tres das de muerto es fsicamente, qumicamente y biolgicamente imposible.

    La fsica, la qumica y la biologa son ciencias experimentales, prueban sus afirmaciones con experimentos verificables y replicables.

    La religin no prueba jams sus afirmaciones, slo afirma y pide que te lo creas por fe.

    Los que afirman que Jesucristo resucit a los tres das son los evangelistas, los apstoles y Pablo, que eran ignorantes totales en fsica, qumica y biologa, y ni siquiera conocan la circulacin de la sangre, por eso puede afirmar esa falsedad de la resurreccin, por ignorancia.

    Estamos en la era de la ingeniera gentica, la clonacin, los trasplantes de rganos, las telecomunicaciones, los viajes espaciales. No se puede afirmar como verdadero un suceso tan falso y tan imposible desde todas las ciencias como el de la resurreccin de Jesucristo.

    Salud y paz mental.

  2. #2
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    Predeterminado

    Efectivamente.

  3. #3
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    [size=4]La resurreccin a los tres das de muerto es fsicamente, qumicamente y biolgicamente imposible[/size].

    [size=4]Estoy absolutamente de acuerdo con este juicio. Es biolgicamente imposible para un ser humano resucitar por s mismo despus de la muerte cerebral. Pero Jesucristo no slo fue el perfecto hombre, sino que sin abandonar su naturaleza humana posee tambin la divina: l es Dios, y Dios no est sujeto a corrupcin. Jesucristo dijo: "YO SOY LA RESURRECCIN Y LA VIDA". Tambin dijo:[/size]
    " ... yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de m mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar" (Jn. 10:17-18.)
    [size=4]Quin alguna vez dijo algo semejante? Ms an, quin cumpli algo imposible para los hombres, sino Jess?

    Nobody, my friends, nobody...

    Tosi23 razona desde el cientificismo, desde la vereda lgica y razonable. No se le niega su parte de verdad. Pero le falta a su anlisis algo que perturba a los cientficos: un espacio para otras realidades que no se conocen. Recurre a nuestra era tecnolgica, y ella misma jams le dar respuesta satisfactoria para el problema de la muerte. Qu irona.

    Como dice Pablo: "si Jess no resucit, somos los ms dignos de conmiseracin de todos los hombres". Pero, y si lo hizo? Ay ay ay.

    Saludinskis.[/size]

  4. #4
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    Predeterminado

    [size=7]El papel aguanta lo que le escriban ...

    Supuestas resurrecciones? Slo en la Biblia.

    No en la realidad. No en el 2005.
    [/size]

    :P :P :P :P :P :P :P :P

  5. #5
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    Yo creo que s resucito, aunque no creo que hubiese reanimacion del cadaver. Probablemente el cuerpo fu robado y arrojado a una fosa comn. Pienso que la resureccion es mas cuestin de seales que de muertos vivientes.
    Como resucitan los muertos?.-Buena pregunta.Yo tengo una idea, para ello voy a contar una experiencia que me ocurri hace muchos aos.
    Habia muerto mi abuela. Era una mujer muy anciana que falleci por puro desgaste. Niguna enfermedad, el corazn se par sin mas.
    Antes de ir al cementerio le los evangelios. Me sali Juan 20 "El sepulcro hallado vacio". He de confesar que me llam la atencin. A la hora del entierro fu al cementerio con mi padre. All los sepultureros habian preparado el nicho para el ataud. Cuando mi padre lo vio les dijo:"Os habeis equivocado , no es ste nicho, es el de arriba". Los sepultureros tuvieron que preparar aprisa el nuevo nicho, pues el ataud con el cuerpo de la abuela ya estaba all. Se introdujo en el nuevo nicho, el sacerdote rez el responso correspondiente y los sepultureros taparon el agujero con ladrillos. Despues, todos se marcharon. Yo me qued alli viendo el agujero que habia sido preparado para la abuela que realmente se qued vacio, tal como deca Juan 20. Casualidad?.Seal de resureccin?. Juzgad vosotros mismos.

  6. #6
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    Predeterminado

    Aqu os pongo un documento escrito por un sacerdote amigo que, de stas cosas, sabe mas que yo.

    49. EL ULTIMO ENEMIGO

    La muerte es la ms seria amenaza al deseo humano de vivir, la peor mala suerte (Lorca), el ltimo enemigo (1 Co 15,26), el mximo enigma de la vida humana (GS 1. La muerte desconcierta, atemoriza, escandaliza. Pone en cuestin el sentido de la vida y tambin pone en cuestin a Dios. De uno u otro modo, brotan las preguntas: Habr algo despus? Estamos condenados a morir? Hay una esperanza? Qu anuncia el Evangelio? Cmo afronta Jess su propia muerte? Se resucita en el momento de la muerte o al final de la historia? Es cierto, como suele decirse, que no vuelve nadie para contarlo? La victoria sobre la muerte (sin desplazamientos, en el momento de la muerte!) es parte de la buena noticia del Evangelio, la mayor epopeya de la humanidad, el mayor desafo en el que participamos.
    En tiempo de Jess, lo mismo que ahora, encontramos posiciones diversas. Los saduceos niegan la resurreccin (Mc 12,1, dicen que no hay resurreccin, ni ngel ni espritu, mientras que los fariseos profesan todo eso (Hch 23,. Segn el historiador judo Flavio Josefo, los saduceos excluyen la persistencia del alma, as como los castigos y las recompensas del hades, dicen que las almas se desvanecen al mismo tiempo que los cuerpos y no se preocupan de observar ninguna otra cosa ms que las leyes. Por su parte, los fariseos, que son los guas de la tendencia principal, dicen que toda alma es incorruptible y que solamente la de los buenos pasa a otro cuerpo, mientras que la de los malos sufre un castigo eterno (Guerra de los judos II, 162-166; Antigedades judas XVIII, 16-17). La gente confunde resurreccin y reencarnacin: supone que Jess es uno de los antiguos profetas, que ha resucitado (Lc 9,8;9,19).
    Marta, la hermana de Lzaro, dice lo que le han enseado, y lo dice sin mucho entusiasmo: Ya s que resucitar en la resurreccin el ltimo da (Jn 11,24). Jess le responde con la novedad del Evangelio: Yo soy la resurreccin. El que cree en mi, aunque haya muerto vivir; y todo el que vive y cree en mi, no morir jams crees esto? (11,25-26). A los saduceos les dice Jess que los que mueren son como ngeles, son hijos de Dios, siendo hijos de la resurreccin: Y que los muertos resucitan lo ha indicado tambin Moiss en el episodio de la zarza, cuando llama al Seor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para l todos viven (Lc 20,36-3.
    Algunos de los escribas le dijeron: Maestro, has hablado bien (20,39). La idea de la semejanza de los resucitados con los ngeles aparece en la corriente apocalptica juda: Todos se convertirn en ngeles del cielo (1 Henoc 51,5), los justos se transformarn en un resplandor anglico, habitarn en las cimas de este mundo, se parecern a los ngeles, tomarn a su gusto cualquier aspecto, pasando de la belleza al resplandor, de la luz al esplendor de la gloria (Apocalipsis de Baruc 51,5.10). Son los mismos trminos que se utilizan en el pasaje de la transfiguracin de Jess: Se transfigur delante de ellos y su rostro brill como el sol (17,2). El resucitado cambia de condicin, se transfigura: Entonces los justos brillarn como el sol en el seno de su padre (Mt 13,43).
    El filsofo griego Platn (hacia 429-34 describe en su dilogo Fedn la muerte de Scrates. Desde la antigedad, se ha comparado su muerte con la de Jess. Encarcelado y condenado a muerte por los atenienses, Scrates muere en la cama, tras tomar la cicuta. Tan tranquila y noblemente muri, que pareca tener cierta asistencia divina (F.246). Nuestro cuerpo, dice, es un obstculo, siempre que (el alma) intenta examinar algo juntamente con el cuerpo, est claro que es engaada por l (F.260). El alma se encuentra encerrada en el cuerpo como en una crcel: Los hombres estamos en una especie de prisin (F.253). La muerte es una liberacin, separacin del alma y del cuerpo (F.25. Sin embargo, se le arguye: Todo lo relativo al alma produce en los hombres grandes dudas por el recelo que tienen de que, una vez que se separe del cuerpo, ya no exista en ninguna parte (F.269). El filsofo estima que conviene creerlo: Vale la pena correr el riesgo de creer que es as, pues el riesgo es hermoso (F.304). Lleg el que deba darle el veneno y le pregunt qu deba hacer: Nada ms que beberlo y pasearte, le respondi, hasta que se te pongan las piernas pesadas, y luego tumbarte. As har su efecto (F.309). Scrates, que sostena la creencia en la reencarnacin, pensaba que hay algo reservado a los muertos y, como se dice desde antiguo, mucho mejor para los buenos que para los malos (F.256).
    En Getseman Jess sabe que le espera la muerte, y una muerte de cruz (Flp 2,. Dicen los evangelios: Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenz a sentir pavor y angustia. Y les dice: Mi alma est triste hasta el punto de morir; quedaos aqu y velad (Mc 14,33-34). La muerte que le espera es horrible. Jess no quiere estar solo en aquellos momentos. Busca la presencia de Dios y la presencia de sus discpulos. Jess sabe lo que implica su misin: Con un bautismo he de ser bautizado, y qu angustiado estoy hasta que se cumpla! (Lc 12,50). Y ahora que la muerte est delante, le suplica a Dios: Padre, todo te es posible; aparta de m esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras t (Mc 14,36). Como se dice en la Carta a los Hebreos, Jess ofreci ruegos y splicas con poderoso clamor y lgrimas al que poda librarle de la muerte (Hb 5,7).
    No obstante, Jess habla de su propia muerte como de un paso de este mundo al Padre (Jn 13,1), un paso de este mundo (sometido a la muerte) al mundo nuevo (resucitado a la vida). Se va, pero vuelve (Jn 14,8;14,2. Le vern los creyentes: Dentro de poco el mundo ya no me ver, pero vosotros s me veris (Jn 14,19). Las parbolas del grano de trigo que cae en tierra (Jn 12,24) y de la mujer que da a luz (Jn 16,21) manifiestan cmo se sita Jess. La muerte produce fruto. Es como un parto. Estando en la situacin lmite de la cruz, Jess le dice al buen ladrn: Hoy estars conmigo en el paraso (Lc 23,43). Dios salva la vida a cuantos creen en Jess, a cuantos la pierden por El (Lc 9,24; ver 2 Mc 7 y Dn 12,2). Ms an, la vida eterna a la que resucitan los muertos es ya posesin de los vivos que creen en El: El que cree, tiene vida eterna (Jn 6,47; ver Col 2,12).
    El creyente israelita intuy certeramente que Dios mantendr fielmente a los suyos consigo para siempre: No dejars a tu amigo ver la fosa, me librars de las garras de la muerte, me colmars de gozo en tu presencia, de alegra perpetua a tu derecha (Sal 16,10-11). El libro de la Sabidura replica a quienes dicen desacertadamente. No se sabe de nadie que haya vuelto del Hades (Sb 2,1). La muerte prematura del justo perseguido da paso a una vida nueva: Las almas de los justos estn en las manos de Dios (3,1). Llamar a la esperanza es una costumbre de Dios: Reprime tu voz del lloro y tus ojos del llanto, porque... hay esperanza para tu futuro (Jr 31,16-17). Desde el principio (Gn 3,15), la historia de la salvacin es una invitacin de Dios para que andemos a su paso. Dios es la esperanza en persona, como se dice en el salmo 71: T eres mi esperanza, Seor, mi confianza desde mi juventud.
    Hubo esperanza para Abraham, que crey contra toda esperanza (Rm 4,18-22). Hubo esperanza para Israel, en medio del mar, en medio del desierto, en medio del destierro (Is 43,16-19). Hubo esperanza para Jess, en medio de la muerte. Jess sabe que de su muerte violenta, el Padre sacar la resurreccin y la vida (Mt 17,23). Cambiar su suerte, habr un tercer da ms all de la muerte, como est escrito: Dentro de dos das nos dar la vida y al tercer da nos levantar y en su presencia viviremos (Os 6,2). Lo anuncia Pedro el da de Pentecosts: Sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Seor y Cristo a este Jess a quien vosotros habis crucificado (Hch 2,36). Jess de Nazaret se manifiesta en la historia como Seor, lo mismo que Dios. Y se hace presente entre los suyos de muchas maneras, tambin con esta seal: La paz con vosotros (Jn 20,19.21.26).
    Hay esperanza para nosotros. Dice Pablo a la comunidad de Tesalnica: No queremos que ignoris, hermanos, la suerte de los difuntos, para que no os aflijis como aquellos que no tienen esperanza (1 Ts 4,13). Y a la comunidad de Corinto: Cristo resucit de entre los muertos como primicias de los que durmieron (1 Co 15,20). En realidad, hay una profunda implicacin entre la resurreccin de Cristo y la nuestra. San Pablo lo dice tajantemente: Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucit (1 Co 15,16). Por ello, junto a la fe en Cristo Resucitado, confesamos: Esperamos la resurreccin de los muertos (Credo constantinopolitano, s.IV). Frente a las corrientes, que consideran la materia esencialmente mala, se dice tambin: Creo en la resurreccin de la carne. As lo hace el llamado Credo de los Apstoles (s.VIII), aunque el trmino preferido por el Nuevo Testamento es el primero. Creemos que seremos los mismos y en plenitud, una plenitud que no podemos imaginar: Ni el ojo vio ni el odo oy...lo que Dios prepara a los que le aman (1 Co 2,9).
    La resurreccin de Jess ha inaugurado para el mundo entero el amanecer de un nuevo da, el da de la resurreccin, el tercer da. El tercer da no es un da solar de calendario, sino el tiempo que sigue a la resurreccin de Jess, un da que no tiene ocaso. Cristo ha hecho de la historia humana el tiempo de la esperanza. Ha venido a liberar a los que por miedo a la muerte, pasan la vida entera sometidos a esclavitud (Hb 2,15). La muerte no tiene ya poder sobre el hombre y sobre el mundo. Por ello puede decir Pablo: La muerte ha sido absorbida en la victoria. Dnde est, oh muerte, tu victoria? Dnde est, oh muerte, tu aguijn? (1 Co 15,54-55).
    En realidad, tanto entonces como ahora, est muy difundido el error de Marta, el desplazamiento de la resurreccin al ltimo da, al final de la historia. Los muertos mueren para los hombres, no para Dios. Para Dios todos viven. Pero el hombre se separa de Dios y se queda sin horizonte, sin futuro, condenado a muerte (Gn 3,19). El hombre necesita convertirse y descubrir el proyecto de Dios: segn su plan no estamos condenados a morir, sino llamados a resucitar. Lo indic ya Moiss, dice Jess, antes de que se escribiera la Biblia. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es un Dios de vivos, no de muertos.
    Pero la pregunta se hace una y otra vez: Cmo resucitan los muertos? Con qu cuerpo vuelven a la vida? Dice San Pablo: Necio! Lo que t siembras no revive si no muere. Y lo que t siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo o alguna otra semilla (1 Co 15,35-37). Dice tambin: Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual (15,44). Hablamos, como podemos, con palabras e imgenes comunes de algo que nos trasciende totalmente: la vida que anuncia Jess, la vida que vence a la muerte, la resurreccin como un florecer, como un despertar, como un nacer, como un amanecer, como un morar en la casa del Padre, como un volver.
    No sabemos el cmo ni en qu consiste el cuerpo espiritual del que habla San Pablo (1 Co 15,44; ver GS 39), el cuerpo resucitado. Ciertamente, aqu incide la visin del hombre que se tenga: dualista (alma-cuerpo), monista (unidad del hombre entero), fixista o esttica (el hombre es como est), evolutiva o dinmica (todo cambia, el hombre tambin). Sea como sea, resucitamos a imagen y semejanza de Jess, el primognito de entre los muertos (Col 1,1, segn el modelo de su condicin gloriosa (Flp 3,21). En el fondo, la resurreccin es una transfiguracin (Lc 9,28-36). Ahora bien, Cristo resucit al tercer da (Hch 15,4; ver Mc 10,34), es decir, tras un breve lapso de tiempo, en seguida (ver Os 6,2, Jon 2,1 y Sal 16,10-11).
    Si amar a una persona es decirle: t no morirs, cada uno de nosotros puede escuchar del Dios que nos ama la Palabra que resucita a los muertos. Lo dijo Jess: Llega la hora (ya estamos en ella) en que los muertos oirn la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivirn (Jn 5,25; ver 5,21). Para Jess el ltimo da (6,39-40.44.54) es el da de la muerte. Dijo a sus discpulos en la ltima cena: En la casa de mi Padre hay muchas moradas (Jn 14,2). Algo semejante dice San Pablo: Aunque se desmorone la morada terrestre en que acampamos, sabemos que Dios nos dar una casa eterna en el cielo, no construida por hombres (2 Co 5,1).
    Se canta en la liturgia: La vida de los que en ti creemos, Seor, no termina, se transforma. Y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansin eterna en el cielo. Y se ora as por quien acaba de morir: Concdele que, as como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta tambin con l la gloria de la resurreccin (Plegaria Eucarstica II). Segn el Concilio Vaticano II, el rito de las Exequias debe expresar ms claramente el sentido pascual de la muerte cristiana (SC 81). Todo ello no impide una posible purificacin (Concilios de Lyon y de Florencia, aos 1274 y 1439) ni tampoco, para los que hayan hecho el mal, una resurreccin de condena (Jn 5,29).
    El V Concilio de Letrn (1513) condena a quienes afirman que el alma racional es mortal (DS 1440). Convocado por Julio II, el concilio es contado como ecumnico, aunque acudieron slo unos pocos prelados (L.Hertling, Historia de la Iglesia, Herder, 1981, 303). Como dice el telogo alemn M. Schmaus, la formulacin acerca de la inmortalidad del alma es una formulacin hecha con auxilio del pensamiento griego. Adems, ninguna verdad revelada se opone a la afirmacin de que el hombre alcanza una nueva existencia corporal inmediatamente despus de la muerte, mientras el cuerpo terrestre es puesto en el sepulcro o quemado o se corrompe (El credo de la Iglesia catlica, II, Rialp, 1970, 755).
    En cuanto al modo de la resurreccin, el Catecismo de la Iglesia Catlica dice que los muertos resucitan a semejanza de Cristo: Cristo resucit con su propio cuerpo..., pero El no volvi a una vida terrenal. Del mismo modo, en El todos resucitarn con su propio cuerpo, que tienen ahora (Cc. De Letrn IV;DS 801), pero este cuerpo ser transfigurado en cuerpo de gloria (Flp 3,21), en cuerpo espiritual (1 Co 15,44) (n.999). En cuanto al momento de la resurreccin, el Catecismo dice lo mismo que Marta, la hermana de Lzaro: Sin duda, en el ltimo da (Jn 6,39-40.44.54;11,24); al fin del mundo (LG 4 (n.1001).
    El jesuita francs Pedro Teilhard de Chardin (1881-1955) mira al pasado y avizora el futuro. Devuelve al cristianismo su sentido cosmolgico y ofrece a un mundo dinmico la luz del Evangelio. El punto Omega es el centro final de convergencia de todo el proceso csmico. A la luz de la fe, Omega es Cristo. Cristo adquiere as dimensiones csmicas: "T has ocupado por derecho de Resurreccin el punto clave del Centro total en el que todo se concentra" (El himno del Universo, Taurus, Madrid, 1963, 147; Col 1 y Ef 1). Teilhard de Chardin muri en Nueva York, el 10 de abril de 1955, Pascua de Resurreccin. Tres das antes de su muerte, dej escrito en la ltima pgina de su diario un resumen sorprendente de su pensamiento: El Universo est centrado evolutivamente. Cristo es el Centro. Y los tres versculos (1 Co 15,26-2 que anuncian la victoria sobre la muerte. Poco antes, durante una cena en el consulado de Francia en Nueva York, haba dejado caer: "Me gustara morir el da de Resurreccin". Y as fue: toda una seal.
    En el Apocalipsis, los mrtires gozan ya de la resurreccin de Cristo, viven y reinan con El (Ap 20,4-5). En los primeros siglos, el da de su muerte se celebra como da de nacimiento. San Ignacio de Antioqua (s.II) escribe camino del martirio: Mi parto se acerca (Carta a los Romanos, 6,1). Y tambin: Yo, hasta el presente, soy un esclavo. Mas si lograse sufrir el martirio, quedar liberto de Cristo y resucitar libre en El (4,3). Y finalmente: Bueno es que el sol de mi vida, saliendo del mundo, se oculte en Dios, a fin de que en El yo amanezca (2,2).
    En la experiencia de la comunin de los santos, podemos descubrir -de muchas maneras- que los muertos viven, como Cristo vive. La relacin con ellos -dice el Concilio- no se interrumpe, se robustece; ellos interceden por nosotros (LG 49). Veamos este testimonio de Santa Teresa: Acaceme algunas veces ser los que me acompaan y con los que me consuelo los que s que all viven, y parecerme aquellos verdaderamente los vivos, y los que ac viven tan muertos, que todo el mundo me parece no me hace compaa (Vida, 38,6).
    Por qu buscis entre los muertos al que vive? (Lc 24,5). Como un da las mujeres al Resucitado, mucha gente busca a sus muertos entre los muertos, en el sepulcro. Y, sin embargo, no estn all. Han resucitado. Viven, como Cristo vive. Si nos lo creemos, muchos acontecimientos nos hablarn de todo esto, confirmndolo en nuestra propia experiencia. Como en aquel tiempo: Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Seor con ellos y confirmando la Palabra con las seales que la acompaaban (Mc 16,20).

  7. #7
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    Predeterminado Re: Resurreccin de Jesucristo?....., ni soando.

    Hay quienes creen que Cristo resucit espiritualmente (como si un espritu necesitara resucitar; en realidad, lo que resucita, si es que resucita, es un cadver, no un espritu) otros quienes niegan que jams haya existido ...

    Es una nueva Torre de Babel exegtica y todos esos testas dicen que se basan en la Biblia !!!

    Qu chiste tan malo !

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