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Tema: necesito algo sobre 100 aos de soledad

  1. #1
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    Predeterminado necesito algo sobre 100 aos de soledad

    hola necesito algo sobre 100 aos de soledad podes ayudame

    MARANATA

  2. #2
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    Predeterminado 100 aos de soledad - Comentarios

    Ok, evamgelismo, aqu tengo algo que encontr en la Web.

    Cien aos de soledad es un claro reflejo de la realidad latinoamericana, no de aquella cuya bandera es Ricky Martin y que fue creada por las codiciosas mentes detrs de MTV, sino de esa otra que forma la sangre de tantos pueblos hermanos. Es la realidad detrs de ese increble mundo de magia y misticismo, una realidad mgica, una realidad que slo puede entenderse a travs de la ficcin.

    Siendo el libro el resumen de una forma de entender el universo, es imposible resumirlo, as que slo intentaremos contar su argumento. En algn momento de la obra, el personaje principal femenino, rsula, define la realidad como una espiral que gira en torno a un eje y cuyos puntos buscan en vano encontrarse para cerrar el crculo. En la novela, tal eje puede situarse en varios puntos: el mundo latinoamericano; el pueblo de Macondo; la familia Buenda; la dualidad estereotipificada de los Jos Arcadios y Aurelianos; o la soledad, vista como nica salvacin del hombre.

    La novela da inicio en un punto intermedio del argumento, a partir del cual nos arrastra al remoto pasado en el que Jos Arcadio Buenda fundara Macondo, el pueblo modelo de cualquier pueblo, entre el ro Bravo y la Patagonia. Jos Arcadio es un hombre bravo y fuerte y est casado con una prima suya, rsula Iguarn. sta, debido a los lazos sanguneos, se rehsa a darle descendencia, creyendo que sus hijos saldrn con cola de cochino. Ciertas burlas dan valor a Jos Arcadio Buenda, que con violencia hace suya a rsula, quien despus de un tiempo le da tres hijos, Jos Arcadio, Aureliano y la pequea Amaranta.

    Jos Arcadio Buenda jugaba al alquimista, teniendo gran aprecio a un gitano sabio llamado Melquades que apareca por el pueblo con su tinglado de maravillas hasta antes de morir de quin sabe qu fiebres en quin sabe donde. Su hijo, Jos Arcadio, era fuerte y voluntarioso como l y estaba bien dotado por la naturaleza para beneplcito de las chicas. La primera en descubrirlo fue Pilar Terneros, quien despus de varios arrebatos clandestinos le dio un hijo, motivando que ste se lanzara a los brazos de una gitanita que pasaba con el clan que haba sido de Melquades y se fuera con ella.

    El hijo de Pilar Terneros fue recibido en casa de sus abuelos, quienes lo llamaron Jos Arcadio, Arcadio para evitar confusiones. Junto con Amaranta, su ta, estaba al cuidado de Visitacin, una india que haba huido de una peste de insomnio que asol su pueblo. Los gitanos volvieron pero sin Jos Arcadio, as que se les impidi quedarse. Por esos das lleg Rebeca, una nia de once aos, a tocar en casa de los Buenda. Era la hurfana de un buen amigo de Jos Arcadio Buenda y como tal se le acept en la casa; a ella y al saco de huesos que antes fueran sus padres. Lleg con la fea costumbre de comer tierra, pero despus de algn tiempo se la quitaron y se convirti en la hermana mayor de Arcadio y Amaranta.

    Con Rebeca lleg a Macondo la peste del insomnio y con ella la del olvido. Nadie poda dormir y todos poco a poco olvidaban las cosas. Tuvieron que poner etiquetas a las cosas y Jos Arcadio Buenda invent un diccionario giratorio para no olvidar ms. La cura lleg con Melquades, quien desminti su muerte y se instal en la casa Buenda.

    Aureliano, tiempo despus, se enamor. Primero de una nia que iba de pueblo en pueblo prestando servicios amorosos bajo orden de su abuela, y luego de Remedios, la hija menor de Don Apolinar Moscote, quien llegara a Macondo armado de soldados a imponer el orden, cosa que Jos Arcadio Buenda impidi. Aureliano, en la desesperacin del amor, fue con Pilar Terneros y despus de acostarse con ella le pidi que le consiguiera a la nia.

    La casa de los Buenda estaba floreciendo, y rsula con las ganancias de un pequeo negocio de caramelos, la estaba modernizando; mand incluso traer una pianola que inclua a Pietro Crespi, tcnico musical, que vino a acabar con la calma de Rebeca para lanzarla de nuevo a la sucia tarea de comer tierra. Pietro haba venido tan slo a ensearle a usar el extrao artefacto y un par de pasos de baile, hecho lo cual regres a sus tierras.

    La paz se alejaba de la casa de los Buenda, Rebeca y Amaranta amaban a Pietro Crespi y Aureliano a Remedios, la hija de la familia enemiga. A pesar de lo cual Jos Arcadio Buenda se aventur a pedirla en matrimonio para su hijo pero la nia todava no serva para los menesteres mujeriles y acordaron esperar.

    En ese entonces muri Melquades y se convirti en el primer muerto en ser enterrado en Macondo. En el funeral, Amaranta le confes su amor a Pietro Crespi, quien haba vuelto para formalizar relaciones con Rebeca e instalar una casa de msica en la Calle de los Turcos. Ante la negativa de Crespi, Amaranta anunci que impedira esa boda aunque tuviera que morir para hacerlo. Rebeca, atemorizada, fue a que Pilar Terneros le leyera las cartas. El presagio fue que no sera feliz hasta enterrar a sus padres. Al enterarse de esto, Jos Arcadio Buenda, sin decirle a nadie, busc y enterr el saco de huesos con el que Rebeca haba llegado. Algn tiempo despus, intentando crear una mquina del tiempo se qued atrapado en el lunes; se volvi loco y tuvieron que amarrarlo en el jardn para que no deshiciera la casa.

    Para ms informacin ve a este sitio:

    [url]http://www.universoe.com/arte/resumenes/literatura/19_soledad.shtml[/url]

    El Lrico:
    THE BOSSANOVA BOY
    [Virtual Insanity Intense, Inc.]

  3. #3
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    Predeterminado Re: necesito algo sobre 100 aos de soledad

    Evan... Esto fue lo que consegui...
    lo puedes ver en : [url]www.salvador.edu.ar/ua1-7-gramma-01-01-19.htm[/url]


    GRAMMA Virtual
    Publicacin de la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador
    Ao I N 1 Setiembre 2000


    Lenguaje y realidad en Cien aos de soledad de Gabriel Garca Mrquez

    Mara Ana Rago
    Alumna de Letras (Plan B) de la USAL.
    Trabajo presentado en la ctedra de Literatura Hispanoamericana II,
    a cargo de los profesores Jorge Lafforgue y Mara Vignolles.

    Cabe sospechar que no hay universo en el sentido orgnico, unificador, que tiene esa ambiciosa palabra. Si lo hay, falta conjeturar su propsito; falta conjeturar las palabras, las definiciones, las etimologas, las sinonimias, del secreto diccionario de Dios.

    Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones

    El vnculo entre la realidad y el lenguaje es un tema que ha sido y es abordado tanto por la filosofa como por la literatura. En escritos pertenecientes a uno y otro campo nos encontramos con interesantes estudios sobre el tema.

    A partir de Cien aos de soledad, la novela de Garca Mrquez que se constituir en corpus del presente trabajo, podemos aproximarnos a algunas de las relaciones entre la palabra y la realidad que postula la filosofa. No nos proponemos abordar la novela desde toda la filosofa del lenguaje. La intencin del presente trabajo es hacer una lectura de Cien aos de soledad, a la luz de algunas de las lneas tericas propuestas por Michel Foucault en Las palabras y las cosas y de nuestra particular concepcin del vnculo entre la realidad y el lenguaje.

    Para introducir el tema, vamos a remitirnos a definiciones esenciales para nuestro trabajo. Las palabras son signos que constituyen un sistema que nos permite comunicarnos; las cosas conforman nuestro mundo, nuestra realidad y son el referente de las palabras. Pese a que en las definiciones el lenguaje y la realidad tengan un lugar diferenciado, en el seno de la relacin que los une hay un punto en que no podemos disociarlos. Por un lado, la evolucin de las distintas comunidades de hombres corre paralela al desarrollo de su lenguaje; por otro lado, nuestro conocimiento de las cosas est condicionado por un a priori que es la gramtica.

    Garca Mrquez cuenta la historia de un pueblo, Macondo, desde sus orgenes hasta su destruccin. Nos ocuparemos de: (a) los distintos momentos de esa historia y su relacin con la transformacin del lenguaje propuesta por el terico francs y (b) la existencia de este pueblo como universo discursivo, determinado por la palabra. Como veremos, en la historia que narra esta novela, el lenguaje preexiste a la realidad, las palabras son una condicin para la existencia de las cosas. Las palabras profticas de algunos personajes, los manuscritos indescifrables de Melquades, entre otros episodios, ponen de manifiesto la intencin de destacar la estrecha relacin entre el lenguaje y la realidad, que nos permite pensar Cien aos de soledad como una construccin a partir del vnculo indisoluble entre las palabras y las cosas.

    Haremos un rastreo de los episodios que destacan la interdependencia entre el lenguaje y la realidad, con el objeto de confirmar la hiptesis de trabajo que proponemos: en el universo ficcional de Cien aos de soledad podemos advertir estrechas relaciones entre el lenguaje y sus distintos portadores (narrador y personajes), y la realidad que describe la novela, la de Macondo. Por lo tanto, en la novela de Garca Mrquez, el lenguaje del narrador y de los personajes acta como constructor de realidad; el narrador-Dios de la obra construye un universo discursivo que nace con la palabra y muere cuando la lectura cesa.

    Entender el lenguaje como representacin implica reconocer en las palabras la capacidad de representar las cosas, de estar en lugar de las cosas sin ser ellas. Pero el lenguaje no se define slo por su propiedad de representar la realidad, a partir de una sintaxis que enlaza las palabras y las cosas. Hay una sintaxis interna que ordena las palabras al mismo tiempo que otorga un orden a la realidad.

    Foucault, filsofo francs, describe la historia de la formacin del lenguaje: nace con el sealamiento y se constituye finalmente en objeto de estudio. El hombre primitivo utiliza los gestos que su naturaleza le permite para expresar su pensamiento y sus sentimientos; as, recurre al sealamiento. El lenguaje se constituye como tal cuando se convencionaliza un conjunto de signos tomados de la naturaleza, que permite representar la realidad.

    Al apropiarse el hombre del lenguaje, estudiarlo, hacerse crtico de las palabras, lo objetiva. As, el lenguaje se coloca en el mismo orden de cosas que el resto que constituye nuestra realidad. En consecuencia, el lenguaje y su gramtica son un a priori de la realidad:

    Convertido en realidad histrica, espesa y consistente. [...] Los hombres que creen, al expresar sus pensamientos en palabras de las que no son dueos, alojndolos en formas verbales cuyas dimensiones histricas se les escapan, que su propsito les obedece, no saben que se someten a sus exigencias.

    Es ahora cuando el lenguaje se cierra sobre s mismo, pierde su transparencia y se convierte en un objeto de conocimiento entre otros. El lenguaje es algo externo al hombre, quien se encuentra dominado por aqul. As "las disposiciones gramaticales de una lengua son el a priori de lo que puede enunciarse en ella".

    En el captulo primero de Las palabras y las cosas, que nos servir especialmente para el desarrollo de este trabajo, Foucault analiza la pintura Las Meninas de Velzquez en funcin del tema que le interesa: la capacidad de representacin del lenguaje. La pintura puede darse como pura representacin cuando se libera de lo que se constituye en su fundamento; entonces el lenguaje puede darse como pura representacin cuando se libera de las cosas, que son su modelo.

    Hay un punto exterior al cuadro que cumple una triple funcin: en l vienen a superponerse la mirada del modelo en el momento en el que se le pinta, la del espectador que contempla la escena y la del pintor en el momento en que compone su cuadro (no el representado). Estos tres puntos de vista se confunden en ese punto exterior.

    Estos lineamientos tericos sern tomados como referencia en el desarrollo de este trabajo.

    El propietario de la palabra en Cien aos de soledad es un gitano de caractersticas muy particulares, que regresa de la muerte porque no soporta la soledad del ms all. En unos manuscritos indescifrables, que son reiteradamente mencionados en la novela, Melquades compone la historia de Macondo y sus habitantes. Lo que estamos leyendo, al leer la novela, no es ms que ese pergamino en el que el gitano escribi la historia; slo que esto recin lo sabemos en el desenlace de la obra. Cuando acaba nuestra lectura, acaba tambin Macondo.

    Como lectores, asistimos a la fundacin de Macondo, a los orgenes de ese pueblo; tambin somos testigos de su evolucin y finalmente de su destruccin. Con el desarrollo de la vida en Macondo, tambin conocemos el origen y evolucin de su lenguaje, que resume la historia de todo lenguaje humano: desde el sealamiento, la representacin, hasta su objetivacin.

    Para respetar la naturaleza de los distintos episodios que presenta Cien aos de soledad, vamos a establecer relaciones entre lenguaje y realidad (tal como nos lo planteamos al comienzo) teniendo en cuenta la ndole de las "realidades" que aparecen en la novela; con esto queremos decir que distinguiremos dos planos: el de lo real-objetivo y el de lo real-imaginario, siguiendo los lineamientos de Vargas Llosa en su estudio crtico Historia de un deicidio.

    Lenguaje y evolucin

    Jos Arcadio Buenda, siendo joven, acompaado por sus hombres, con mujeres, nios y animales, atraves "la sierra buscando una salida al mar, y al cabo de veintisis meses desistieron de la empresa y fundaron a Macondo para no tener que emprender el camino de regreso". Al comienzo, era una aldea en la que no se mandaba con papeles; cuando Don Apolinar Moscote mostr el papel en el que haba sido nombrado corregidor del pueblo, Jos Arcadio Buenda le dijo: "En este pueblo no mandamos con papeles". Vemos la fase primitiva de Macondo, en la que hay predominio de la oralidad; luego, veremos la importancia de la lengua escrita. En la historia de las distintas civilizaciones, podemos sealar el valor de la tradicin oral y la memoria en una primera etapa; luego, tiene lugar el registro escrito.

    1) El lenguaje como designacin

    El surgimiento del lenguaje est determinado por la necesidad de designar la realidad. Las palabras nacen para poder estrechar vnculos con las cosas y establecer una comunicacin con los dems.

    En la primera fase del proceso de formacin de un lenguaje, el hombre recurre al sealamiento:

    [el hombre] puede utilizar esta mmica, convertida en signo, para suscitar en sus compaeros la idea que l mismo experimenta, las sensaciones, las necesidades, las penas que se asocian, por lo comn, a tales gestos y a tales sonidos [...]. Con este uso concertado del signo (que ya es expresin) est en vas de nacer algo as como un lenguaje.

    En la fase primitiva de Macondo, en los orgenes de este pueblo, nos encontramos con sus fundadores y primeros habitantes que se enfrentan a la exigencia de nominar lo que contemplan por primera vez y recurren al sealamiento:

    El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecan de nombre, y para mencionarlas haba que sealarlas con el dedo.

    Macondo era por entonces un pueblo muy reciente; el narrador subraya que un pueblo sin muertos, es un pueblo sin pasado. Y Macondo era, al comienzo, un pueblo sin cementerio.

    As como Macondo empieza a tener existencia a partir de su fundacin, tambin hay un hecho fundante que da existencia a este pueblo en el mundo de los muertos:

    [...]porque Macondo fue un pueblo desconocido para los muertos hasta que lleg Melquades y lo seal con un puntito negro en los abigarrados mapas de la muerte.

    Otra vez aparece el lenguaje como sealamiento, ahora en el plano de lo imaginario. Melquades seala en un mapa el lugar de Macondo y este pueblo pasa a tener existencia, por el lenguaje, para el mundo de los muertos.

    Otro episodio hace referencia a esta capacidad de designacin del lenguaje por el sealamiento. En el segundo captulo de la novela, Jos Arcadio (segunda generacin) se va con los gitanos que ao tras ao llevaban sus inventos a Macondo. rsula inmediatamente corre tras los pasos de su hijo; cuando Jos Arcadio Buenda (padre) advierte la ausencia de su esposa, rene a un grupo de hombres y parten en pos de rsula:

    Unos pescadores indgenas, cuya lengua desconocan, les indicaron por seas al amanecer que no haban visto pasar a nadie.

    2) El lenguaje como representacin

    El hombre recibe de la naturaleza con qu hacer los signos y estos signos le sirven, en primer lugar, para entenderse con los otros hombres y elegir los que han de retenerse, los valores que les reconocern, las reglas de su uso.

    El lenguaje como designacin da lugar al lenguaje como representacin. Las palabras ocupan en el discurso el lugar de las cosas y al darle nombre a la realidad, podemos llegar a ser dadores de entidad. Decamos antes que el lenguaje es pura representacin cuando se libera de las cosas. Veamos el siguiente caso, presente en el pueblo de Garca Mrquez:

    Jos Arcadio Buenda se atrevi a murmurar:

    Es el diamante ms grande del mundo.

    No corrigi el gitano. Es hielo.

    Entre las grandes novedades que distintos grupos de gitanos llevaban a Macondo, apareci el hielo como el "gran invento de nuestro tiempo". Los macondinos pagaban cinco reales para tocarlo y sentirse frente a lo sagrado.

    Diamante ms grande del mundo y hielo son dos expresiones que designan una misma realidad. En consecuencia constituyen un juicio sobre esa realidad que designan. Designan? En este punto podemos advertir que le dan una entidad diferente al nombrarla, que crean distintas realidades a partir del lenguaje. Cul es el hecho? el diamante o el hielo? Vemos cmo el lenguaje se libera de su modelo y es pura representacin.

    La admiracin que le provoca a Jos Arcadio Buenda la contemplacin del tmpano por primera vez, el descubrimiento de una realidad "sin nombre", lo lleva a designarla con una expresin de asombro. La exageracin, la hiperbolizacin es un recurso recurrente en la novela que nos ocupa, que crea, como apreciaremos a continuacin, hechos real-imaginarios.

    Cmo interpretar el interesante episodio de Jos Arcadio Buenda en el que empieza a manifestar sntomas de su desvaro? Jos Arcadio afirma con conviccin que sigue siendo lunes porque las cosas no manifiestan signos de que el tiempo haya transcurrido. Quiz no sea como Jos Arcadio lo enuncia; probablemente las cosas s evidencien el transcurrir del tiempo, pero l no pueda expresarlo. No poder expresar cambios en las cosas implica un no transcurrir del tiempo:

    [...]de pronto me he dado cuenta de que sigue siendo lunes, como ayer. Mira el cielo, mira las paredes, mira las begonias. Tambin hoy es lunes. [...] Esto es un desastre dijo. Mira el aire, oye el zumbido del sol, igual que ayer y antier. Tambin hoy es lunes. [...] Pas seis horas examinando las cosas, tratando de encontrar una diferencia con el aspecto que tuvieron el da anterior, pendiente de descubrir en ellas algn cambio que revelara el transcurso del tiempo.

    Si nos atenemos a las formulaciones de Foucault, y pensamos con l que el lenguaje se libera de su modelo y se constituye en pura representacin, podemos interpretar este episodio como la consecuencia de una ruptura completa entre las palabras y las cosas. Jos Arcadio no puede expresar cambios en la realidad que lo circunda, slo percibe las repeticiones cotidianas (el aire, el cielo, el sol), pero no las diferencias.

    3) El lenguaje como objeto

    El lenguaje como representacin, la posibilidad de dar entidades diferentes a las cosas a partir de la palabra, dan mayor espesor al lenguaje y lo constituyen en objeto de estudio y de crtica.

    En el prefacio a Las palabras y las cosas, Foucault subraya la idea del lenguaje como lugar comn. Asimismo, advierte el peligro de que un espacio comn, en tanto garantiza la posibilidad de una yuxtaposicin, se encuentre en ruinas: cuando se hace imposible no el encuentro de las cosas sino el sitio en el que podran encontrarse. Y esto ocurre cuando el lenguaje se convierte en objeto, cuando, pese a ser posibilidad de clasificacin, se constituye en una clase ms.

    La historia de Macondo en unos manuscritos es un objeto de estudio; lo vemos claramente en el arduo trabajo de desciframiento que lleva a cabo Aureliano Babilonia. Aureliano ocupaba todas sus maanas en descifrar los pergaminos; se haba convertido en un hombre encastillado en la realidad escrita. Ms adelante nos ocuparemos en detalle de este episodio que nos conduce al desenlace de la novela.

    Lo real-imaginario y lo real-objetivo

    En esta seccin del trabajo nos ocuparemos de establecer las relaciones entre lenguaje y realidad planteadas en la novela, con el propsito de descubrir en qu medida la palabra se presenta como constructora de realidad.

    1) En el plano de lo real objetivo

    En vez de andar pensando en tus alocadas noveleras, debes ocuparte de tus hijos replic. Mralos cmo estn, abandonados a la buena de Dios, igual que los burros.

    Jos Arcadio Buenda tom al pie de la letra las palabras de su mujer. Mir a travs de la ventana y vio a los dos nios descalzos en la huerta soleada, y tuvo la impresin de que slo en aquel instante haban empezado a existir, concebidos por el conjuro de rsula.

    Jos Arcadio Buenda, absorbido por los inventos de los gitanos y fascinado de tal modo por los mismos, convertido en experimentador, se haba olvidado de la realidad que lo circundaba. l era slo para sus inventos. Incluso haba dejado de ocuparse de sus propios hijos; en cierto modo, haban dejado de existir para l. El conjuro de rsula es la expresin que emplea el narrador como sinnimo de "las palabras de rsula"; a partir de stas, en el instante en que son pronunciadas, los hijos empiezan a existir para su padre.

    En la historia de la familia Buenda es interesante destacar la explicacin que Fernanda del Carpio da a la genealoga de los nombres:

    En la larga historia de la familia, la tenaz repeticin de los nombres le haba permitido sacar conclusiones que le parecan terminantes. Mientras los Aurelianos eran retrados, pero de mentalidad lcida, los Jos Arcadio eran impulsivos y emprendedores, pero estaban marcados por un signo trgico.

    La historia de la familia Buenda es una historia de repeticiones. Los nombres Aureliano y Jos Arcadio reiterados nos hablan del eterno retorno. Los personajes, designados con los nombres de otros, adquieren rasgos de personalidad de sus antecesores. Esta agrupacin por clases (los Aurelianos y los Arcadios) define el carcter de los personajes y marca sus destinos.

    Una transgresin a la clasificacin:

    Los nicos casos de clasificacin imposible eran los de Jos Arcadio Segundo y Aureliano Segundo. [...] pero cuando empezaron a asistir a la escuela optaron por cambiarse la ropa y las esclavas y por llamarse ellos mismos con los nombres cruzados [...]. Desde ese entonces no se saba con certeza quin era quin.

    Esto despert sospechas en rsula: eran los dos nicos miembros de la familia cuyos nombres no se correspondan con su forma de ser. Los gemelos le jugaron una trampa al lenguaje.

    Jos Arcadio Buenda en cierta oportunidad, se dispuso a encontrar la prueba cientfica de la existencia de Dios:

    Mediante un complicado proceso de exposiciones superpuestas tomadas en distintos lugares de la casa, estaba seguro de hacer tarde o temprano el daguerrotipo de Dios, si exista, o poner trmino de una vez por todas a la suposicin de su existencia.

    Existe lo que puede ser apresado en el signo lingstico. Finalmente, Jos Arcadio Buenda renunci a la persecucin de la imagen de Dios, convencido de su inexistencia. "Es" lo que se puede capturar en imagen, uno de los trminos del signo.

    Versiones de la historia

    Las relaciones entre el lenguaje y la realidad pueden conducirnos hacia infinitos lugares; la historia es uno de ellos. El pasado histrico de una nacin se convirti a partir de la modernidad en el meta-relato de una serie de acontecimientos ligados por la relacin de causa-consecuencia.

    La posmodernidad anuncia el fin de la historia; proclama la muerte de una voz nica que narra los hechos del pasado desde un punto de vista objetivo, proclama la muerte de la verdad histrica. Ya no hablamos de un meta-relato de la historia, sino de relatos.

    Proclamar una versin de los hechos es suponer una visin objetiva que interpreta y legitima esos hechos. En contraposicin a la objetividad, la modernidad "crea" la subjetividad, a la que podramos definir como "la otra historia". Estos dos registros han regido y condicionado el mundo moderno. Es en la posmodernidad donde los relatos individuales desplazan a la verdad universal y se constituyen como verdades parciales que tienen sentido en tanto puntos de vista.

    Vattimo, el filsofo italiano, sostiene la hiptesis de que la posmodernidad comienza cuando desaparece la posibilidad de seguir hablando de la historia como una entidad unitaria. Qu implica esto? Propone que no existe una historia nica sino imgenes del pasado concebidas desde distintos puntos de vista; sostiene que es "ilusorio" pensar en un punto de vista supremo, ms verdadero que los otros puntos de vista.

    En Cien aos de soledad aparecen varios puntos de vista respecto de un mismo hecho histrico:

    As empez la leyenda de la ubicuidad del coronel Aureliano Buenda. Informaciones simultneas y contradictorias lo declaraban victorioso en Villanueva, derrotado en Guacamayal, devorado por los indios Motilones, muerto en una aldea de la cinaga y otra vez sublevado en Urumita.

    Del mismo modo, dos puntos de vista se proyectan sobre los acontecimientos sucedidos en Macondo durante la guerra civil: la versin de la masacre contada por Jos Arcadio Segundo y la versin oficial de los hechos, segn la cual no hubo muertos, son dos relatos que niegan la posibilidad de la historia como hecho unitario:

    La versin oficial, mil veces repetida y machacada en todo el pas por cuanto medio de divulgacin encontr el gobierno a su alcance, termin por imponerse: no hubo muertos, los trabajadores satisfechos haban vuelto con sus familias, y la compaa bananera suspenda actividades mientras pasaba la lluvia.

    [...] Era todava la bsqueda y el exterminio de los malhechores, asesinos, incendiarios y revoltosos del Decreto Nmero Cuatro, pero los militares lo negaban a los propios parientes de sus vctimas, que desbordaban la oficina de los comandantes en busca de noticias. "Seguro que fue un sueo", insistan los oficiales.

    Para la versin oficial, la que con el tiempo ser considerada la verdadera historia, "en Macondo no ha pasado nada, ni est pasando ni pasar nunca. ste es un pueblo feliz. As consumaron el exterminio de los jefes sindicales".

    2) En el plano de lo real imaginario

    Para un mejor diseo de este apartado tomaremos como referencia la clasificacin formulada por Mario Vargas Llosa: lo fantstico, lo maravilloso, lo mtico legendario y lo milagroso.

    Cabe destacar que Vargas Llosa incluye dentro de lo real imaginario a aquellas situaciones que, pese a pertenecer al plano de lo real objetivo, son presentadas por un narrador que se sita en el plano de lo real imaginario.

    Lo mgico

    En este plano tambin podemos apreciar relaciones entre el lenguaje y la realidad, donde aqul aparece como determinante de las cosas que percibimos como reales.

    Cuando Aureliano, el primer ser humano que naci en Macondo, tena tres aos, entr a la cocina y sorprendi a su madre diciendo:

    "Se va a caer". La olla estaba bien puesta en el centro de la mesa, pero tan pronto como el nio hizo el anuncio, inici un movimiento irregular irrevocable hacia el borde, como impulsada por un dinamismo interior, y se despedaz en el suelo.

    El presagio de Aureliano no se qued en las palabras; dentro del plano de lo real imaginario tambin aparecen episodios en los que claramente la palabra determina la realidad. Aqu son los presagios de Aureliano los que se convierten en hechos.

    Otras palabras profticas de Aureliano se constituyen en centro de episodios importantes. El coronel Aureliano Buenda, despus de ocho meses de haber partido, le escribi a su madre rsula. Dentro del sobre lacrado que le envi por medio de un emisario, haba un papel escrito con una caligrafa preciosista que deca: "Cuiden mucho a pap porque se va a morir".

    Entonces entraron al cuarto de Jos Arcadio Buenda, lo sacudieron con todas sus fuerzas, le gritaron al odo, le pusieron un espejo frente a las fosas nasales, pero no pudieron despertarlo.

    Lo fantstico

    Otro episodio en el que se evidencia la estrecha relacin entre las palabras y las cosas es el de la peste del insomnio y del olvido. Los macondinos haban contrado esta enfermedad; hasta los nios permanecan despiertos sin poder, como el resto de los habitantes del pueblo, conciliar el sueo de modo alguno. Tiempo despus "nadie volvi a preocuparse por la intil costumbre de dormir":

    [...]lo ms temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no senta cansancio alguno, sino su inexorable evolucin hacia una manifestacin ms crtica: el olvido [...] empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la nocin de las cosas, y por ltimo la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado.

    Aureliano fue quien descubri la frmula que los defendera de las evasiones de la memoria: marcar cada cosa con su nombre fue el modo de no olvidar la realidad.

    Con un hisopo entintado marc cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola. Fue al corral y marc los animales y las plantas: vaca, chivo, puerco, gallina, yuca, malanga, guineo. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que poda llegar un da en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad.

    La necesidad de la inscripcin para reconocer las cosas supone el condicionamiento que la palabra tiene sobre los entes reales; lo que es es lo que la palabra determina. De nuevo aqu tenemos una ruptura absoluta entre las palabras y las cosas; los personajes "pierden" las cosas porque no pueden designarlas. Las cosas reales no eran para los macondinos en tanto no tenan nombre; las inscripciones sobre ellas las determinaban. Del mismo modo, su utilidad estaba condicionada por el lenguaje:

    El letrero que colg en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: Esta es la vaca, hay que ordearla todas las maanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el caf y hacer caf con leche. As continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentneamente capturada por las palabras, pero que haba de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita.

    Entre los carteles que haban invadido Macondo, uno deca "Dios existe". Todo lo que pudiera ser apresado por las palabras se converta inmediatamente en una realidad. La comprobacin de su existencia era la posibilidad de ser expresado por el lenguaje.

    Este episodio, cuyo origen es la llegada al pueblo de Visitacin, una india guajira, y de su hermano, quienes huan de una peste de insomnio que flagelaba a su tribu desde haca varios aos, transform a Macondo durante el tiempo que dur la peste. La primera que manifest los sntomas de la enfermedad fue Rebeca, con sus "ojos alumbrados como los de un gato en la oscuridad".

    Es ste uno de los hechos ms significativos en cuanto a la relacin entre las palabras y las cosas. La prdida de la palabra es la prdida de la memoria y del pasado.

    La peste del olvido nos presenta a un narrador que frente al suceso acenta la idea de una estrecha dependencia de la realidad con respecto al lenguaje; la idea de que las cosas y sus utilidades estn representadas por las palabras que las nombran aparece en todo su esplendor, es llevada al extremo. La realidad capturada por las palabras aparece aqu como una realidad inverosmil. Pero es interesante ver cmo la liberacin de las cosas con respecto a sus nombres y la consecuente prdida de la realidad que debe ser apresada por las palabras pone de manifiesto el vnculo indisoluble que une lenguaje y realidad.

    Lo milagroso

    Cansado de predicar en el desierto, el padre Nicanor [...]. Suplic tanto que perdi la voz [...]. Cant los evangelios con voz lacerada por la splica.

    La palabra, convertida en algo que le es ajeno al hombre, encuentra a la predica del cura como carente de significado, ajena a la representacin de lo sagrado. En este punto podemos establecer una comparacin entre la palabra y el ritual. En su fase primitiva, los rituales significan, posteriormente se convierten en pura forma y pierden su contenido intrnseco; pasan a ser objeto de la representacin y no representacin de un significado. El lenguaje "sufre" la misma evolucin. Por eso, el padre Nicanor Reyna se ve obligado a suplantar su tarea de predicador por otra; de la proclamacin a la accin:

    El muchacho que haba ayudado a misa le llev una taza de chocolate espeso y humeante que l se tom sin respirar. Luego se limpi los labios con un pauelo que sac de la manga, extendi los brazos y cerr los ojos. Entonces el padre Nicanor se elev doce centmetros sobre el nivel del suelo. Fue un recurso convincente.

    Lo mtico legendario

    Garca Mrquez se apropia de realidades ficticias presentes en otros textos literarios; stas son absorbidas por Cien aos de soledad. Realidades mtico-legendarias que fueron objeto de varias literaturas son tambin aqu objeto de la novelstica del autor colombiano.

    Podemos apreciar, entonces, la entidad objetiva del lenguaje. Son objeto de Cien aos de soledad los siguientes episodios mtico legendarios: la historia del judo errante, la presencia del fantasma de la nave corsario de Vctor Hugues (ser real de la historia francesa y ser imaginario de la novela El siglo de la luces, de Alejo Carpentier), el coronel Lorenzo Gaviln (personaje de la novela La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes), etc.

    Macondo como mundo discursivo

    Todas las cosas son palabras del idioma

    En que Alguien o Algo, noche y da,

    Escribe esa infinita algaraba

    Que es la historia del mundo.

    Jorge Luis Borges

    Macondo es un pueblo construido a partir de la palabra. Hemos advertido a lo largo de la monografa cmo en distintos episodios se establecen interesantes relaciones entre el discurso y los hechos; cmo el lenguaje y la realidad son trminos de un vnculo indisoluble. Ahora veremos cmo el lenguaje es el constructor de la realidad de Macondo, cmo Macondo es porque la palabra lo ha constituido.

    Mientras la historia se desarrolla, Melquades est "sentado en el rincn, sentado al escritorio, garabateando signos indescifrables"; desde el comienzo de la novela podemos ir descubriendo que Melquades es el narrador de la historia, la va construyendo desde la palabra. El gitano se pasaba horas y horas "garabateando su literatura enigmtica". Melquades es "aquel ser prodigioso que deca poseer las claves de Nostradamus"; se seala con esta referencia al personaje, el poder de su palabra proftica. Melquades tena una mirada "que pareca conocer el otro lado de las cosas". Y estas palabras nos remiten inmediatamente a Foucault; en el captulo "Las Meninas", el filsofo describe el cuadro de Velzquez en el que el espectador slo ve, en la representacin del cuadro, el revs de la pintura que el pintor representado est trazando. "Por el hecho de que no vemos ms que este revs, no sabemos quines somos ni lo que hacemos", seala Foucault. Qu les pasa a los habitantes de Macondo? En tanto los personajes no descifran los manuscritos de Melquades, no pueden conocer su identidad (especie condenada a vivir cien aos en soledad) ni su destino final (la destruccin).

    Aureliano Segundo se dio a la tarea de descifrar los manuscritos de Melquades; pero le fue imposible. "Las letras parecan ropas puestas a secar en un alambre, y se asemejaban ms a la escritura musical que a la literaria". En una de sus jornadas de trabajo, Aureliano Segundo sinti que no estaba solo en el cuarto. All se encontraba Melquades; desde esa vez se vieron casi todas las tardes. Con respecto a los manuscritos, le explic que "nadie debe conocer su sentido mientras no hayan cumplido cien aos".

    Aureliano Babilonia, quien s pudo finalmente traducir los pergaminos, encerrado en su tarea de descifrar los manuscritos, ante una aparicin de Melquades le cont a ste que ya haba descubierto en qu lengua estaban escritos: en snscrito.

    Aureliano tena tiempo de aprender el snscrito en los aos que faltaban para que los pergaminos cumplieran un siglo y pudieran ser descifrados.

    Aureliano Babilonia, convertido en narratario, ocup su tiempo en el aprendizaje del snscrito para llegar a tiempo con la traduccin. Despus de tres aos desde que Santa Sofa de la Piedad le llevara la gramtica, consigui traducir el primer pliego. Pero an faltaba para lograr comprender esos versos cifrados. Hubo un "instante prodigioso" en el que encontr las claves del pergamino en el epgrafe que deca: "El primero de la estirpe est amarrado en un rbol y al ltimo se lo estn comiendo las hormigas". As comprendi que esos manuscritos que estaba descifrando comprendan "la historia de la familia, escrita por Melquades hasta en sus detalles ms triviales, con cien aos de anticipacin". En el desenlace de la novela se devela la identidad del narrador: Melquades.

    La historia de Macondo estaba escrita, las palabras preexistieron a la fundacin, desarrollo y destruccin del pueblo. Aureliano Babilonia supo que su destino estaba escrito:

    [...] empez a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrndolo a medida que lo viva, profetizndose a s mismo en el acto de descifrar la ltima pgina de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado.

    [...] antes de llegar al verso final ya haba comprendido que no saldra jams de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sera arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien aos de soledad no tenan una segunda oportunidad sobre la tierra".

    Recordemos la imposibilidad, planteada por Foucault en "Las Meninas", de ver representante y representado simultneamente. Melquades es el autor de los manuscritos que el ltimo Aureliano descifra; se vale de una lengua, el snscrito, para componer la historia de Macondo, que, como culmina junto con el desciframiento de los manuscritos, deviene en universo discursivo; su existencia est predeterminada por la palabra. La palabra es el a priori de su ser. Nosotros, lectores, coincidimos en el ltimo prrafo de la novela con un personaje de la misma: Aureliano. Quien lee esas lneas es Aureliano, pero tambin somos nosotros. Y ambos ocupamos el mismo lugar de su autor, Melquades. Nos encontramos en ese centro sealado por Foucault y frente al tringulo postulado en "Las Meninas".

    Foucault seala tres puntos de vista que se confunden en un punto exterior a la obra: una mirada que la ha ordenado (en la novela de Garca Mrquez, Melquades), la mirada del modelo (una regin latinoamericana) y la del espectador que contempla la obra. Ese punto exterior a la obra es un punto ideal en relacin con lo representado, pero al mismo tiempo, perfectamente real, ya que a partir de l se hace posible la representacin. Tendramos que agregar una cuarta mirada, la de Garca Mrquez.

    Josefina Ludmer dice que el verdadero final de la novela:

    [...] est dado por el desciframiento de los manuscritos, que son un doble (en segundo grado) del relato. Los manuscritos explicitan al texto como escrito; se encuentran en ese punto un personaje y la funcin del lector, un personaje que es dos [...]: un actor, el consecuente final de la estirpe, y al mismo tiempo un lector, el que descifra un texto idntico al del relato.

    Ludmer seala adems que en ese encuentro que se produce entre:

    [...] los manuscritos y el relato mismo no slo se anulan los tiempos: se identifican tambin el destinatario de los manuscritos, su lector y descifrador, y el lector y descifrador de Cien aos de soledad: se autoidentifican y se identifican uno con el otro, se reconocen en espejo. [...] Estos manuscritos omnipotentes, que revelan el origen, el nombre, la historia, la ley y el destino del que lee, que instituyen el sujeto del libro, el lector, al instituir su destinatario, implican que leer es leerse, que conocer el texto es conocerse, que el que no escribe (el lector) es escrito.

    Ludmer identifica el texto de Melquades como un texto "en espejo".

    En Macondo hay una realidad representada. Macondo es parte de la geografa latinoamericana; mira a un modelo, como Velzquez en Las Meninas mira al rey Felipe IV y su esposa, modelos de su pintura, de su representacin.

    Imaginemos Macondo como una pintura y a sus habitantes como personajes de una escena viviente; el creador de esa imagen (o de esas imgenes), Melquades, es a la vez representante y representado. Porque no es posible ver simultneamente a ambos, Melquades se sumerge en la historia narrada en sus manuscritos. Si Melquades permaneciese en el sitio del representante sin involucrarse en el devenir de los hechos representados, no llegaramos a conocer la existencia discursiva de Macondo; nuestro conocimiento estara limitado a la representacin de los hechos y nos estara vedada la condicin de existencia de Macondo: la palabra. Pero el representante se convierte en representado y nos devela el misterio; l es la posibilidad de existencia de Macondo. Nuestra mirada de lectores casi superpuesta a la de Melquades se dirige hacia Macondo y su historia. Nos recuerda otro tringulo: Dios hecho hombre interviene en la historia de la Humanidad para revelarse como representante de su existencia; Dios (representante), la Humanidad (representados) y los lectores de ese misterio.

    Melquades, narrador-Dios de la historia de Macondo, es parte de la vida del pueblo; pero mientras acta como personaje, sus escritos son jeroglficos indescifrables; recin despus de su muerte, cuando desaparece de la historia del pueblo y slo se presenta como inspirador de la traduccin, los manuscritos pueden ser ledos. Melquades est representado en los manuscritos porque es parte de la historia de Macondo; y es tambin representante, en tanto autor de los manuscritos. Pero no puede ser visto a la vez el que representa y aquel espacio en el que se ocupa de representar algo, para que el lenguaje pueda constituirse como pura representacin. As, los manuscritos son pura representacin de la realidad y con su traduccin, con su anulacin como misterio, tambin desaparece Macondo.

    Una posible comparacin

    Pintura de Velzquez. Las Meninas
    Manuscritos de Melquades
    Modelo (referente de los signos)
    El rey Felipe IV y su esposa Mariana.
    Macondo y su historia.

    Mirada del espectador
    Espectadores de la pintura.
    Aureliano Babilonia/lectores.
    Mirada del autor
    Velzquez.
    Melquades


    La relacin que Foucault establece entre el lenguaje y la pintura es la siguiente: "por bien que se diga lo que se ha visto, lo visto jams reside en lo que se dice, y por bien que se quiera hacer ver, por medio de imgenes, de metforas, de comparaciones lo que se est diciendo, el lugar en el que ellas resplandecen no es el que se despliega a la vista, sino el que definen las sucesiones de la sintaxis".

    El idioma analtico de Melquades

    La cita del comienzo es un texto en el que Borges habla del "secreto diccionario de Dios", del inasible corpus de palabras de la voz de Dios.

    Porque Foucault sita la gnesis de Las palabras y las cosas en la lectura de este cuento de Borges, es lcito incluir en el presente trabajo un breve comentario de "El idioma analtico de John Wilkins" y su relacin con la novela de Garca Mrquez.

    En "El idioma analtico...", Borges cita una clasificacin de animales que incluye la categora "incluidos en esta clasificacin". Anula as el espacio en el que ese orden enumerado (enunciado) sera posible. Los animales se distribuyen en clases a), b), c)... Si a=a, b=b, c=c y c=a+b+c, c coincide con la totalidad de las clases; en consecuencia, es equivalente al espacio en el que esas cosas se dan.

    Por qu termina Macondo cuando acaba el discurso? Algo semejante a lo que ocurre con la clasificacin de Borges puede explicar ese interrogante. Los manuscritos de Melquades proponen un cierto modo de ser de las cosas; la realidad del discurso se despliega sobre la realidad ficcional. Dentro de la historia del propio Macondo aparece la figura que posibilita la existencia de ese discurso, anulando as el lenguaje que posibilitaba el desarrollo de la historia. Melquades, el clasificador de ese mundo discursivo, aparece como una clase ms dentro de la realidad ficcional.

    El lenguaje es el espacio en el que se configura un cierto modo de ser de las cosas, un orden posible que se da a partir de mltiples condiciones de posibilidad de las cosas. Coincide con las cosas. Palabra = cosa.

    En el cuento de Borges, la "mesa" es el lugar comn en que se ordenan las clases de animales: espacio en el que se configura un cierto modo de ser de los animales. Coincide con la suma de las clases de animales. "Mesa" = animales.

    El manuscrito de Melquades es el espacio en el que se despliega la realidad de Macondo; coincide con la historia del pueblo.

    Una frase de Borges resume el indisoluble vnculo entre el lenguaje y la realidad: "Lo que vieron mis ojos fue simultneo: lo que transcribir, sucesivo, porque el lenguaje lo es" (Borges, Narraciones, Hyspamrica, Buenos Aires, 1982, p. 140). De qu modo ms sinttico, de qu forma ms concisa, puede explicarse la apasionante relacin entre las palabras y las cosas? No podemos librarnos del conjuro de nuestro lenguaje; frente a lo simultneo, slo podremos dar cuenta de lo sucesivo, frente al orden del mundo, slo podremos describirlo por el orden de las palabras, frente a Macondo, slo podremos aproximarnos a l como Aureliano Babilonia, descifrando manuscritos, encontrando su sentido en las palabras. "Melquades no haba ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres, sino que concentr un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos coexistieran en un instante." Este hallazgo fue hecho por Aureliano, despus de su ardua tarea de desciframiento.

    La estrechsima relacin entre las palabras y las cosas es, por ms que intentemos adentrarnos en ella, un misterio para el hombre. Porque el hombre es el resultado de esta relacin; por eso los Buenda son un fascinante juego de palabras diseado por Melquades.

    Aunque al comienzo de la novela Macondo es anunciado como "la tierra que nadie les haba prometido", finalmente descubrimos que es un pueblo fundado por la palabra. La tierra prometida, que alude a la historia bblica, es la tierra prometida por el lenguaje.

    Tanto en el plano de lo real objetivo como en el de lo real imaginario, Garca Mrquez presenta episodios en los que la dependencia de la realidad respecto del lenguaje es evidente; hemos visto cmo en la peste del olvido los carteles hacen que las cosas sean, que cobren utilidad al ser nombradas. Esta dependencia es tan estrecha que finalmente Macondo resulta ser obra de la palabra: su historia estaba escrita.

    Adems, pudimos observar el curso paralelo que sigue la historia del pueblo y la evolucin del lenguaje, desde el lenguaje como sealamiento hasta el lenguaje como objeto; desde el sealamiento hasta el lenguaje como constructor de mundos. Las instancias del desarrollo de todo lenguaje quedan as comprendidas en la historia de Macondo.

    Cien aos de soledad es un espacio en el que se despliega el lenguaje como realidad; es una invitacin a reflexionar sobre el lenguaje.

    Bibliografa

    Foucault, Michel, Las palabras y las cosas, Buenos Aires, Siglo xxi, 1981.
    Garca Mrquez, Gabriel, Cien aos de soledad, Buenos Aires, Hyspamrica, 1982.
    Vargas Llosa, Mario, Garca Mrquez: Historia de un deicidio, Barcelona, Barral Editores, 1971.
    Vattimo, Gianni, Posmodernidad: una sociedad transparente?, Madrid, Antropos, 1994.

    Mara Ana Rago, 2000.


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    Saludos

    Tulipan

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